Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
En domingo el tiempo no corre,
se derrama como café frío sobre la mesa.
No pasa nada,
ni el aire tiene prisa, ni las campanas suenan,
ni las hojas caen porque ya saben
que en domingo nadie las mira.
La ciudad bosteza de aburrimiento,
las cortinas duermen en las ventanas,
y las calles son un rumor olvidado,
un eco que se diluye entre pasos lentos
y bicicletas oxidadas.
En domingo no pasa nada,
pero pasa todo.
Se acumulan los sueños no soñados,
las manos que no se tocan,
los besos que se quedan en la orilla
del miedo, del silencio, de la costumbre.
En domingo el amor se siente tibio,
como el pan que se quedó sobre la mesa,
como la piel que busca sin buscar,
como el viento que pasa y no despeina.
Porque en domingo el amor
tampoco tiene prisa.
La vida, en domingo, es un bostezo largo,
un paréntesis entre el ruido y la urgencia.
Y sin embargo,
ahí, en la lentitud que desespera,
en el vacío que lo llena todo,
el corazón se descubre humano,
mortal, pequeño,
y por eso inmenso.
En domingo no pasa nada.
Pero si sabes mirar,
si sabes escuchar,
el domingo es el lugar don
de la eternidad
se detiene para respirar.
se derrama como café frío sobre la mesa.
No pasa nada,
ni el aire tiene prisa, ni las campanas suenan,
ni las hojas caen porque ya saben
que en domingo nadie las mira.
La ciudad bosteza de aburrimiento,
las cortinas duermen en las ventanas,
y las calles son un rumor olvidado,
un eco que se diluye entre pasos lentos
y bicicletas oxidadas.
En domingo no pasa nada,
pero pasa todo.
Se acumulan los sueños no soñados,
las manos que no se tocan,
los besos que se quedan en la orilla
del miedo, del silencio, de la costumbre.
En domingo el amor se siente tibio,
como el pan que se quedó sobre la mesa,
como la piel que busca sin buscar,
como el viento que pasa y no despeina.
Porque en domingo el amor
tampoco tiene prisa.
La vida, en domingo, es un bostezo largo,
un paréntesis entre el ruido y la urgencia.
Y sin embargo,
ahí, en la lentitud que desespera,
en el vacío que lo llena todo,
el corazón se descubre humano,
mortal, pequeño,
y por eso inmenso.
En domingo no pasa nada.
Pero si sabes mirar,
si sabes escuchar,
el domingo es el lugar don
de la eternidad
se detiene para respirar.