Finé
La eterna novata
Rafaela, alcandora como ella sola, zocata con la cuchara, burda como un cerote, isorrible como vecina, arrumbiada por su marido, de modales, encogía, y famosa por ser fartusca, pero también gran cocinera, trajinaba en la cocina del viejo bar del llanete, a tente bonete siempre, acudiendo a su mesa hasta el más farfollas hambriento.
Portaba alhucema un anafre que, con alferesía al quemarse, perfumado dejó el ambiente. Un galipuche hervía al fuego, mientras Rafaela chusneaba en la despensa, en busca de una telera para mojar en aceite. Despistada cortó su dedo con el cuchillo panero. La mataúra sangró leve, pero le vino un mareo. Calmada ya su gasusa rellenó de nuevo la alcuza, que ahora después llevaría a la mesa de su cliente. Amante éste del valgas, que por damajuanas tomaba, exigía de malas formas la atención de la mentada.
Con una ruílla verdosa, a la que apenas un agua daba, limpió la mesa al cansino con descarada galbana.
Enseguida le trajo una sopa, que sirvió de mala gana.
- Qué cardivache es éste?
- El rejú que te mereces.
-Lampaba hoy boronía, no buchitos de jaramagos.
-Pues ajilando que es gerundio, a darse un bureo al viento, que bien que cuando relames a la revenía del tercero no le dices tantos pegos.
Portaba alhucema un anafre que, con alferesía al quemarse, perfumado dejó el ambiente. Un galipuche hervía al fuego, mientras Rafaela chusneaba en la despensa, en busca de una telera para mojar en aceite. Despistada cortó su dedo con el cuchillo panero. La mataúra sangró leve, pero le vino un mareo. Calmada ya su gasusa rellenó de nuevo la alcuza, que ahora después llevaría a la mesa de su cliente. Amante éste del valgas, que por damajuanas tomaba, exigía de malas formas la atención de la mentada.
Con una ruílla verdosa, a la que apenas un agua daba, limpió la mesa al cansino con descarada galbana.
Enseguida le trajo una sopa, que sirvió de mala gana.
- Qué cardivache es éste?
- El rejú que te mereces.
-Lampaba hoy boronía, no buchitos de jaramagos.
-Pues ajilando que es gerundio, a darse un bureo al viento, que bien que cuando relames a la revenía del tercero no le dices tantos pegos.
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