Nikita Kunzita
Poeta que considera el portal su segunda casa
El sol se había escondido. La luna sonreía en el cielo estrellado. Desde aquella altura, se podía observar, las luces de la ciudad que brillaban en la lejanía, como estrellas artificiales. El caballero de larga y blanca barba preparaba el camino. Yo observaba en silencio, con el corazón latiendo tanta fuerte y tan deprisa que se me quería salir del pecho.
El camino no era muy largo, consistía aproximadamente de algunos ocho pasos. Tenía tonalidades grises, negras y anaranjados rojizos. Despedía bastante calor y una que otra ceniza. El caballero revolvía y aplanaba el suelo, intentando que quedara lo más parejo posible. Con una sonrisa y voz calmada, anunció que el camino estaba listo. Y comenzó el desfile.
Recorrer aquel camino tenía un propósito; ganarle la batalla a la mente. Tenías que adueñarte de una razón especial para hacerlo, debías sentir esa razón en tu corazón, entonces, lanzarte a dar esos pasos que parecerían eternos. La meta? Llegar al otro lado, reconociendo que las metas pueden ser alcanzadas cuando existe un propósito claro, cuando olvidamos o ignoramos las trampas que nos juega la mente, cuando enfrentamos a los miedos que nos detienen.
Entonces, busqué mi más genuina razón. La hice mía hasta sentirla en todo mi ser. Muy segura, comencé a recorrer el camino de carbones ardiendo en fuego, mirando al horizonte mientras se engrandecía mi espíritu.
Mi razón fue el AMOR. Caminé sobre fuego por el amor a la vida, al universo, a la familia, por el amor de pareja, el de amigos, amor a cada ser vivo... y por el más importante de los amores, mi amor propio.
Yo caminé sobre fuego por AMOR!
(En el 2008, tuve la maravillosa experiencia de caminar sobre fuego. Mis pies salieron ilesos y mi fuerza interior engrandecida.)