Ellos, trovadores, peludos, verdes…
asustadísimos, y amontonados…
ven, que lo haremos llegar, casi por capricho;
por las cordilleras de sombras cálidas,
y bosques fosforescentes….
acaso, cada vez que igualamos,
con otra ronda, a los trapecistas…
con el tacto rápido, por mantener el caudal…
esos ajedrecistas sin sangre,
esos rumiantes de los colores…
los caballos que se intercambian, el aguijón, en el tintero…
acaso, nada , sin la súplica…
sin la criba, de todo aquello,
que hemos metido en el cuerpo…
asustadísimos, y amontonados…
ven, que lo haremos llegar, casi por capricho;
por las cordilleras de sombras cálidas,
y bosques fosforescentes….
acaso, cada vez que igualamos,
con otra ronda, a los trapecistas…
con el tacto rápido, por mantener el caudal…
esos ajedrecistas sin sangre,
esos rumiantes de los colores…
los caballos que se intercambian, el aguijón, en el tintero…
acaso, nada , sin la súplica…
sin la criba, de todo aquello,
que hemos metido en el cuerpo…