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Ella

Melissa Hdez

Poeta recién llegado
Era una chica risueña, cariñosa, dulce, a veces un poco despistada. Estaba en su mundo, decían. Podías verla tirada en el césped fumándose un cigarro y, si le preguntabas por qué lo hacía, te contaba que el humo tenía forma de flores. Sí, le gustaban las flores. Su flor favorita era la margarita. Se llenaba el pelo de margaritas y por un momento se sentía la flor más fragante de todo el jardín.

Tenía un cabello larguísimo, también. Decían que había sido cuidado por la mismísima Venus, diosa de la belleza, y que era envidiado por las otras diosas del Olimpo. Claro que era bella. Era bellísima. Tenía la piel pálida con muchos lunares inexplorados, sus manos eran suaves, su voz, a veces ronca, era como un cántico espiritual cuando recitaba poemas. Su cara pareciera haber sido pintada por algún artista del Renacimiento, con aquella tez blanca acompañada de unos labios carnosos y rojizos, que estaban en perfecta armonía con sus ojos verdes. Eran verdes como dos aceitunas. Como los olivos en verano. Como los bosques, llenos de vida hasta el último rincón. Si la mirabas de cerca, podías observar la pasión en sus ojos. Podías descubrir las profundidades de su alma hasta recorrer todo su cuerpo.

¿Y su cuerpo? Era magestuoso, hasta el último centímetro. Había quien quería perderse por aquellas curvas. Ella ya estaba perdida entre un millón de sueños. Sí, tenía sueños. Nadie sabía qué había dentro de ella, pero tenía algo que dejaba huella a aquellos que tocaba. Su aura, quizá. O tal vez era esa forma de mirar las estrellas. Le encantaban las estrellas. Se podía pasar noches enteras observando a los astros muertos, perdidos en el cielo.

Decía que quería subir a la Luna, pero que antes tenía que recorrerse cada lugar de la Tierra. Le deleitaba la idea de viajar. Tenía ansias por descubrir, por aprender, por abrirse más y más, por vivir un millón de vidas y vivirlas todas en su interior.

Nadie sabía lo que había dentro de ella, aunque era transparente y cristalina como el agua. Como el rocío de la mañana. Era un soplo de brisa fresca que se colaba de vez en cuando por los pensamientos. Pero ella, ella sí lo sabía. Sabía cada fugaz idea, deseo o ilusión que le sacudía.

Dentro de ella había todo un universo con sus propias estrellas y galaxias. Había un jardín rebosante de margaritas. Había todo un Olimpo lleno de divinidades.

"Se le nota en la voz, por dentro es de colores", cantaba un viejo grupo que a ella le gustaba. Y tan de colores era, que el humo que entraba en sus pulmones salía convertido en flores.


 
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Hola, amiga poeta.,
pues, antes de empezarle esta cortitita expresión a tu preciosa prosa, quiero agradecerte los gustos que del principio al fin vos me has regalado al leerte.

De verdad, eres muy atenta a los detalles, tanto que me tenias muy atento de ella, y entre comillas, “desesperado” por no querer llegar a la conclusión que, al fin, me dejo feliz..y con un recuerdo que solo los escritos hacen más duradero.

Saludos y,
gracias por compartir tu prosa tan bonita y de tan lindo lugar que debe ser Almería.

Fidel Guerra.
 
Hola, amiga poeta.,
pues, antes de empezarle esta cortitita expresión a tu preciosa prosa, quiero agradecerte los gustos que del principio al fin vos me has regalado al leerte.

De verdad, eres muy atenta a los detalles, tanto que me tenias muy atento de ella, y entre comillas, “desesperado” por no querer llegar a la conclusión que, al fin, me dejo feliz..y con un recuerdo que solo los escritos hacen más duradero.

Saludos y,
gracias por compartir tu prosa tan bonita y de tan lindo lugar que debe ser Almería.

Fidel Guerra.

¡Muchísimas gracias compañero! Es todo un halago que me digas que soy muy atenta a los detalles. Y me hace muy feliz haberte hecho feliz a ti! Gracias♡♡♡
 
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