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Ella

danie

solo un pensamiento...
Sus ojos se enroscaban
con un efecto lírico-dramático
al guardabarros de mi masculinidad.
Sus labios enceraban la autopista
que conectaba con la noche y los cuerpos,
con la alcoba,
las sábanas
y los sudarios de humedad
hasta provocar la colisión del delirio,
el choque de la pleamar,
el síncope de las islas
a la deriva en el azulino más allá.

Sus puertas se abrían para que las manos
sean furtivas del decoro
y sus prisiones de la moral.

Ella era capaz de quemar
las persianas de un albor
apresurado por no perderse parte
del noctívago show,
de incendiar a los astros
con las rojas siluetas de una estela
Afrodisíaca de danza inmortal,
de prender de furiosos celos de hoguera a la luna
con cada roce de su piel de flor
sobre los aleteos de mis libres colibrís
buscando el polen del amor.

(...)

El lecho refulgente
que relucía a las sombras entrelazadas
sobre las alas de un altar.
El oasis para la sed de mi pecho
y sus mil desiertos.
El buque que rescataba
a mis náufragos
con sus sueños flotantes de paz.

 
Sus ojos se enroscaban
con un efecto lírico-dramático
al guardabarros de mi masculinidad.
Sus labios enceraban la autopista
que conectaba con la noche y los cuerpos,
con la alcoba,
las sábanas
y los sudarios de humedad
hasta provocar la colisión del delirio,
el choque de la pleamar,
el síncope de las islas
a la deriva en el azulino más allá.

Sus puertas se abrían para que las manos
sean furtivas del decoro
y sus prisiones de la moral.

Ella era capaz de quemar
las persianas de un albor
apresurado por no perderse parte
del noctívago show,
de incendiar a los astros
con las rojas siluetas de una estela
Afrodisíaca de danza inmortal,
de prender de furiosos celos de hoguera a la luna
con cada roce de su piel de flor
sobre los aleteos de mis libres colibrís
buscando el polen del amor.

(...)

El lecho refulgente
que relucía a las sombras entrelazadas
sobre las alas de un altar.
El oasis para la sed de mi pecho
y sus mil desiertos.
El buque que rescataba
a mis náufragos
con sus sueños flotantes de paz.

Un recorrido sin precedentes donde los quiebros son sesaciones
pictoricas que se proyectan entre las imagenes de borde de espejo.
como dices en la ultima estrofa, "lecho reflulgente"
Felicidades por la belleza de toda la composicion.
luzyabsenta
 
Sus ojos se enroscaban
con un efecto lírico-dramático
al guardabarros de mi masculinidad.
Sus labios enceraban la autopista
que conectaba con la noche y los cuerpos,
con la alcoba,
las sábanas
y los sudarios de humedad
hasta provocar la colisión del delirio,
el choque de la pleamar,
el síncope de las islas
a la deriva en el azulino más allá.

Sus puertas se abrían para que las manos
sean furtivas del decoro
y sus prisiones de la moral.

Ella era capaz de quemar
las persianas de un albor
apresurado por no perderse parte
del noctívago show,
de incendiar a los astros
con las rojas siluetas de una estela
Afrodisíaca de danza inmortal,
de prender de furiosos celos de hoguera a la luna
con cada roce de su piel de flor
sobre los aleteos de mis libres colibrís
buscando el polen del amor.

(...)

El lecho refulgente
que relucía a las sombras entrelazadas
sobre las alas de un altar.
El oasis para la sed de mi pecho
y sus mil desiertos.
El buque que rescataba
a mis náufragos
con sus sueños flotantes de paz.

Siempre es un honor visitarte y leer y aprender de un Maestro como tu amigo Daniel.
Versos que he releído y me atraparon.
Cordial saludo Danie
 
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