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Contemplador nocturno de poemas
Se derrite el azucarillo teñido de negro mientras la taza se entibia entre tus manos heladas. Hago girar la cucharilla y la espuma se convierte en una galaxia en espiral. Mi mirada viaja hasta tu cara, esquiva tus ojos y regresa a la taza. Se pierde en esa espiral.
Tú ...
Yo ...
Trago un sorbo de café. Extiendes mermelada de frambuesa en la tostada y parece la escena de un crimen.
Yo ...
Tú ...
El periódico habla de una huelga general en algún lugar que hemos pisado juntos hace tiempo. Enciendes la radio. Suena esa canción tan vieja y tan tarareada.
Tú ...
Yo ...
Doy otro sorbo al café. El crimen se consuma entre tus dientes. Una perla roja sobre tus labios. Me recuerda a ese día cuando estuvimos en aquél café, el de las mesas de cristal y las miniaturas de bailarinas de ballet.
Yo ...
Tú ...
Otro sorbo al café. Hace tiempo que desapareció aquella galaxia. Ahora son las paredes las que parecen girar. Seguramente has subido el termostato porque empiezo a sudar aunque no es suficiente para combatir este frío que siento.
Tú ...
Yo ...
Abandono el periódico borroso y me centro en tus ojos extrañamente fijos en mí. Bajo instintivamente hasta tu boca cuando se perfila una sonrisa inesperada. El locutor de la radio ha debido meter la cabeza en la pecera porque gluglulea sin parar al compas en que tus labios empiezan a moverse.
Tú ...
Me gustaría pedirte que lo repitieras, decirte que esta vez de verdad no lo he oído pero mi garganta no emite ningún sonido.
Yo ...
Mantengo la mirada en tus labios en movimiento. Intento leerlos. Dibujan otra sonrisa mientras tú te oscureces y contigo todo. Ahora eres una espiral y un zumbido en los oídos. Caigo de la silla como un fardo. Debería respirar, no debería olvidarme de eso. Pero no puedo evitarlo porque todo es negro menos esa espiral. Y ahora, todo es silencio.
Tú ...
Yo ...
Trago un sorbo de café. Extiendes mermelada de frambuesa en la tostada y parece la escena de un crimen.
Yo ...
Tú ...
El periódico habla de una huelga general en algún lugar que hemos pisado juntos hace tiempo. Enciendes la radio. Suena esa canción tan vieja y tan tarareada.
Tú ...
Yo ...
Doy otro sorbo al café. El crimen se consuma entre tus dientes. Una perla roja sobre tus labios. Me recuerda a ese día cuando estuvimos en aquél café, el de las mesas de cristal y las miniaturas de bailarinas de ballet.
Yo ...
Tú ...
Otro sorbo al café. Hace tiempo que desapareció aquella galaxia. Ahora son las paredes las que parecen girar. Seguramente has subido el termostato porque empiezo a sudar aunque no es suficiente para combatir este frío que siento.
Tú ...
Yo ...
Abandono el periódico borroso y me centro en tus ojos extrañamente fijos en mí. Bajo instintivamente hasta tu boca cuando se perfila una sonrisa inesperada. El locutor de la radio ha debido meter la cabeza en la pecera porque gluglulea sin parar al compas en que tus labios empiezan a moverse.
Tú ...
Me gustaría pedirte que lo repitieras, decirte que esta vez de verdad no lo he oído pero mi garganta no emite ningún sonido.
Yo ...
Mantengo la mirada en tus labios en movimiento. Intento leerlos. Dibujan otra sonrisa mientras tú te oscureces y contigo todo. Ahora eres una espiral y un zumbido en los oídos. Caigo de la silla como un fardo. Debería respirar, no debería olvidarme de eso. Pero no puedo evitarlo porque todo es negro menos esa espiral. Y ahora, todo es silencio.
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