Botón de Apagado 4233
El botón de apagado
EL VALLE DE LAS BESTIAS
Anduve, anduve más, hacia la vista
cubría un valle con reflejos
alcanzan ahí las bestias con sus dedos
perforan las piedras con sus voces
Es igual, nadie llega al valle
nadie ayuda a las bestias, qué pronto
salen de la vega al río, y se ahogan
como tristes larvas, pidiendo al cielo
Las casas, a lo lejos, qué pronto
las veía, y qué luz canosa las cubre
me llena los ojos de un hedor bueno
de un aroma hediondo, de carnaza
valiosa como diamantes, lo veo
tan claro como el llanto, a mí
los ojos de las bestias, se arrastran
como tristes larvas, pidiendo al cielo
«sois lienzos, como el loto
marchito, podrido y siniestro
como el verde robín, os comprendo
quién más que el huérfano
que el humeante espectro olvidado
merece un tazón de esperanza
¡No es flote, es esperanza!
El rey lo sabe, os ha visto en el templo
os ha visto en las aguas, sin aliento, y gira
su cetro, sonriendo»
Anduve, anduve más, hacia la gran ciudad
que el cielo de ésta emerge de herrumbre
y se come a los astros malvados
llega con su oscura luz a los terrenos
y vela por los señores más modernos
esos ojos nunca duermen, como
un halcón en cieno, hincan sus garfios
en fríos cuerpos de ufano trance
El valle no respira, y el rey
con sus armas, y la efigie
y el martillo, y las telas, el papel dorado
celoso, enciende y quema
hierve y miente, construye sus palacios
negros sobre la vega al paso, y quema
los ojos de las bestias, qué pronto
ponen la mirada al río
y se ahogan
como tristes larvas, pidiendo al cielo
Anduve, anduve más, hacia la vista
cubría un valle con reflejos
alcanzan ahí las bestias con sus dedos
perforan las piedras con sus voces
Es igual, nadie llega al valle
nadie ayuda a las bestias, qué pronto
salen de la vega al río, y se ahogan
como tristes larvas, pidiendo al cielo
Las casas, a lo lejos, qué pronto
las veía, y qué luz canosa las cubre
me llena los ojos de un hedor bueno
de un aroma hediondo, de carnaza
valiosa como diamantes, lo veo
tan claro como el llanto, a mí
los ojos de las bestias, se arrastran
como tristes larvas, pidiendo al cielo
«sois lienzos, como el loto
marchito, podrido y siniestro
como el verde robín, os comprendo
quién más que el huérfano
que el humeante espectro olvidado
merece un tazón de esperanza
¡No es flote, es esperanza!
El rey lo sabe, os ha visto en el templo
os ha visto en las aguas, sin aliento, y gira
su cetro, sonriendo»
Anduve, anduve más, hacia la gran ciudad
que el cielo de ésta emerge de herrumbre
y se come a los astros malvados
llega con su oscura luz a los terrenos
y vela por los señores más modernos
esos ojos nunca duermen, como
un halcón en cieno, hincan sus garfios
en fríos cuerpos de ufano trance
El valle no respira, y el rey
con sus armas, y la efigie
y el martillo, y las telas, el papel dorado
celoso, enciende y quema
hierve y miente, construye sus palacios
negros sobre la vega al paso, y quema
los ojos de las bestias, qué pronto
ponen la mirada al río
y se ahogan
como tristes larvas, pidiendo al cielo
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