Rosa Reeder
Poeta que considera el portal su segunda casa
El último suspiro del verano
se esconde en la brisa suave,
un susurro que se apaga
cuando la tarde se hace grave.
El sol, en su despedida,
pinta el cielo de dorado,
como un último adiós
a lo que hemos amado.
Las hojas empiezan a caer,
como recuerdos que se sueltan,
y el viento, con su calma,
en su pecho guarda la vuelta.
El mar se despide,
con su canto de sal y espuma,
y las olas, lentas, se disuelven
en la memoria de una luna.
Ya no hay más risas en el aire,
ni el calor de un sol que abraza,
el verano se va sin hablar,
pero nos deja su amenaza:
el eco de un tiempo perdido,
y el deseo de que vuelva al fin.
El último suspiro del verano
es un adiós que nunca se olvida,
porque cada estación, al irse,
lleva un pedazo de nuestra vida.
Rosa Maria Reeder
Derechos Reservados
se esconde en la brisa suave,
un susurro que se apaga
cuando la tarde se hace grave.
El sol, en su despedida,
pinta el cielo de dorado,
como un último adiós
a lo que hemos amado.
Las hojas empiezan a caer,
como recuerdos que se sueltan,
y el viento, con su calma,
en su pecho guarda la vuelta.
El mar se despide,
con su canto de sal y espuma,
y las olas, lentas, se disuelven
en la memoria de una luna.
Ya no hay más risas en el aire,
ni el calor de un sol que abraza,
el verano se va sin hablar,
pero nos deja su amenaza:
el eco de un tiempo perdido,
y el deseo de que vuelva al fin.
El último suspiro del verano
es un adiós que nunca se olvida,
porque cada estación, al irse,
lleva un pedazo de nuestra vida.
Rosa Maria Reeder
Derechos Reservados