Batalla la luna en el vientre de la noche
asomada al laberinto de la espera,
cómplice de la soledad, del silencio,
ausente a este aleteo de alas
que vienen a morir entre tus muros.
Es como una larga sombra que se derrama
sobre estas letras apagadas, desvanecidas,
que descansan su trasnocho sobre el hombro
de un invierno desolado, impenetrable,
escondido tras los siglos, pensando en las tristezas
o en los pájaros que vuelan despojados de su llanto.
Y no importa si despierto, si estoy viva,
porque ahora no hay quien llore mi muerte.
El tiempo apretado entre los labios,
lucha por soltarse, apresurando la llegada del alba
que inocente del instante, asoma su esplendor.
Ana Mercedes Villalobos