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El tiempo a nadie perdona

Alfredo Grajales Sosa

Poeta que considera el portal su segunda casa
Preocupantes son los años
que en mi cuerpo se acumulan
los achaques ya pululan
-no son para nada extraños-.
Van aumentando los daños
después de cumplir cincuenta
qué decir de los sesenta
una gripe nos encama
a la tos le hacemos drama
al llegar a los setenta.

El tiempo a nadie perdona
y la vejez nos alcanza
poco a poco la balanza
va apuntando hacia la lona.
Ya la edad nos condiciona
en ciertas actividades
con muchas dificultades
te asomas a la ventana
a sentir la resolana
y disfrutar sus bondades.

Ese aspecto varonil
ha quedado en el pasado
ya no duermes, preocupado
por la demencia senil.
Una enfermedad muy vil,
denigra a quien la padece
a tu familia entristece
causándole sufrimiento
y poco a poco el aliento
de vivir desaparece.

Las dolencias por montones
sin avisar te visitan
y con descaro transitan
por toditos los rincones.
De todas las direcciones
a tu cuerpo llegan males
de consecuencias fatales
si a tiempo no los atiendes
para que pronto remiendes
sin vivir en hospitales.
 
Preocupantes son los años
que en mi cuerpo se acumulan
los achaques ya pululan
-no son para nada extraños-.
Van aumentando los daños
después de cumplir cincuenta
qué decir de los sesenta
una gripe nos encama
a la tos le hacemos drama
al llegar a los setenta.

El tiempo a nadie perdona
y la vejez nos alcanza
poco a poco la balanza
va apuntando hacia la lona.
Ya la edad nos condiciona
en ciertas actividades
con muchas dificultades
te asomas a la ventana
a sentir la resolana
y disfrutar sus bondades.

Ese aspecto varonil
ha quedado en el pasado
ya no duermes, preocupado
por la demencia senil.
Una enfermedad muy vil,
denigra a quien la padece
a tu familia entristece
causándole sufrimiento
y poco a poco el aliento
de vivir desaparece.

Las dolencias por montones
sin avisar te visitan
y con descaro transitan
por toditos los rincones.
De todas las direcciones
a tu cuerpo llegan males
de consecuencias fatales
si a tiempo no los atiendes
para que pronto remiendes
sin vivir en hospitales.
Sin dudas son los efectos inevitables del envejecimiento.
Por eso hay que aprender a vivir y apreciar la vida.
Siempre es un honor visitar sus líneas.

Saludos
 
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