Dr Jose Roberto Hernandez
Poeta asiduo al portal
El Teatro
El teatro exhibe los extremos, muestra como somos desde el amanecer hasta la cansada tarde; entonces exhibe una fiesta y un funeral y las dos caras de una lágrima: El dolor y la alegría.
El teatro sin embargo, deja un gran espacio entre sus extremos, es el mejor elemento y el elemento de las "entrelineas".
El teatro no tiene pelos, no muestra color en los ojos y no necesita espejuelos, las tablas tienen las perfectas dioptrías.
Del llanto a la sonrisa, como de punta a punta del escenario, el teatro es capaz de abrir tus ojos, darte cuenta de lo cotidiano, ya sea mono, estéreo, ambiguo o sencillo. Allí los sexos caminan de espalda y las voces y las caras se exageran. Puedes salir de una obra distinto, mejor, peor o con sueno, pero siempre que sales de una sala, no eres el mismo.
El teatro nace titeresco, bufón o crítico, pero siempre literario, el teatro es el arte más incomprendido, porque siempre creemos tener nuestra obra. Y cuesta a los incultos sentarse a ver la vida que no es su vida y a los cultos criticar la vida que se podría haber hecho
El teatro exhibe los extremos, muestra como somos desde el amanecer hasta la cansada tarde; entonces exhibe una fiesta y un funeral y las dos caras de una lágrima: El dolor y la alegría.
El teatro sin embargo, deja un gran espacio entre sus extremos, es el mejor elemento y el elemento de las "entrelineas".
El teatro no tiene pelos, no muestra color en los ojos y no necesita espejuelos, las tablas tienen las perfectas dioptrías.
Del llanto a la sonrisa, como de punta a punta del escenario, el teatro es capaz de abrir tus ojos, darte cuenta de lo cotidiano, ya sea mono, estéreo, ambiguo o sencillo. Allí los sexos caminan de espalda y las voces y las caras se exageran. Puedes salir de una obra distinto, mejor, peor o con sueno, pero siempre que sales de una sala, no eres el mismo.
El teatro nace titeresco, bufón o crítico, pero siempre literario, el teatro es el arte más incomprendido, porque siempre creemos tener nuestra obra. Y cuesta a los incultos sentarse a ver la vida que no es su vida y a los cultos criticar la vida que se podría haber hecho