joel almo
Poeta recién llegado
Arranqué los corales y los gritos húmedos
de la noche, fundé miles de sueños con pájaros
y gritos en un solo canto, salí del frío a ver
los matorrales de trigo: todo lo vi entre follajes
y temblorosas piedras, todo lo vi.
Salí camuflado y vestido de seda, me extendí
como alas y aprendí el albedrío y escuché el silencio
y la fuerza del tiempo sumergido en sangre:
no hay camuflaje que establezca mi profesión.
Tuve que reunir las voces, crepitar amoríos
con la fortaleza de los mares, aprobar escarabajos
como un río de noche y luego establecerme en la tierra
con raíces de lodo.
Si bien mi tierra inmóvil se sumergió a la intemperie,
tanto aprendí desde mi nacimiento, que puse mi cuerpo
y me repartí como territorio de pan y madera
y formé parte de la tierra y el mineral:
no hay alegría como la mía en el lodo,
no hay amantes con egoísmo en la almohada,
no hay experiencia más decisiva en mi vida.
Si me encuentras vestido de greda,
si me hablas desde un vaso medio lleno
y me observas salir por la noche,
déjame sacudir las regiones, déjame adolorido:
entenderás que soy una edificación de mimbre.
de la noche, fundé miles de sueños con pájaros
y gritos en un solo canto, salí del frío a ver
los matorrales de trigo: todo lo vi entre follajes
y temblorosas piedras, todo lo vi.
Salí camuflado y vestido de seda, me extendí
como alas y aprendí el albedrío y escuché el silencio
y la fuerza del tiempo sumergido en sangre:
no hay camuflaje que establezca mi profesión.
Tuve que reunir las voces, crepitar amoríos
con la fortaleza de los mares, aprobar escarabajos
como un río de noche y luego establecerme en la tierra
con raíces de lodo.
Si bien mi tierra inmóvil se sumergió a la intemperie,
tanto aprendí desde mi nacimiento, que puse mi cuerpo
y me repartí como territorio de pan y madera
y formé parte de la tierra y el mineral:
no hay alegría como la mía en el lodo,
no hay amantes con egoísmo en la almohada,
no hay experiencia más decisiva en mi vida.
Si me encuentras vestido de greda,
si me hablas desde un vaso medio lleno
y me observas salir por la noche,
déjame sacudir las regiones, déjame adolorido:
entenderás que soy una edificación de mimbre.
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