Aceptarme, quererme como soy
incondicionalmente y siempre.
¡Vaya premisa a cumplir!
Me corto los h... si no.
Es decir, de esto depende
que mi vida deje de ser
una repetida ruptura entre
el pasado y el presente,
entre vivir con entusiasmo
y reclamarle a la vida
lo que debería haber sido
y no aceptar con serenidad lo que es,
lo que soy y lo que puedo ser si
así lo quiero y si hago algo
para lograr ese objetivo
que por ahora lo veo distante.
No sé cuánto, no sé cuan lejos.
Mi tarea es ir aproximándolo,
acercándolo y empezar a conocerlo
aunque se de lejitos, como se dice.
Lo importante en todo esto es no perder
la perspectiva del cambio, aun si
todo pareciera estar inmóvil
y que nada, absolutamente nada
haya cambiado o cambiará.
Una recaída, un resbalón no debe ser
el impedimento para continuar
en este viaje que pudiera parecer
tormentoso pero que en verdad
es el único camino para ser libre.
Y con libertad me refiero a no depender
de nadie ni de nada para estar bien
conmigo mismo y en paz interior.
Eso anhelo, eso busco, eso quiero.
Dar los primeros pasos sí es un avance,
muchos dirían el gran primer paso,
la decisión determinante,
la acción primordial,
el sí definitivo.
Pero, y por la p... madre, siempre hay un pero
aunque el único pero aquí es la mentira
y la propia frustración de no saber ser capaz.
O sea, el éxito o el fracaso de esta revolución
de conciencia y de materia es cuestión de querer.
Pero ya no solo de quererse o de amarse
sin más condición que la de ser y estar
en esta vida que nunca más se repetirá.
Precisamente es esto: la vida única
y maravillosa que parte desde el aquí
y el ahora, teniendo al pasado solo
como un referente y no como un norte,
y al futuro como un sentido y no una ilusión.
Asertividad, entusiasmo, alegría, honestidad,
valores que ayer solo me sonaban a palabras
necias y fáciles de decir y casi imposibles
de convertirlas en acciones, en hechos diarios,
en plenos efectos de la cotidianidad.
Sí, claro que sí, la autoestima, la valoración
completa de lo que soy, de mis capacidades
y mis limitaciones que a veces pienso
son más las unas que las otras y al revés.
¿Cómo conocerme plenamente?
¿Cómo empezar esa travesía interna
en pos del yo, de mi, de mi Yo?
Las herramientas están ahí, se a conciencia
donde están y cómo utilizarlas, y cuándo,
pero lo que aún no sé es para qué las quiero.
Obviamente alguien con dos neuronas sanas
podría decir que para ser feliz y vivir en paz.
Y yo digo, ¿vivir en paz, feliz?
Acaso antes no decía que eso es pura mierda
metafísica y acartonado idealismo,
que la felicidad es pasajera
más la muerte es severa y duradera.
Pero no quiero morir todavía,
tengo mucho por qué vivir
quiero seguir vivo y quiero ser feliz
en la medida que me decante por eso
y cambie el pensamiento inservible,
en la forma en que aborde mis problemas
y en la manera en cómo los solucione.
Tengo la capacidad para evitarme sufrimientos
gratuitos y desdichas cotidianas con solo no
quererlo, con solo cambiar de idea,
con solo actuar en lugar de solo pensar.
Pienso, eso sí, que es un camino largo,
para mí al menos eso es lo que es,
un sendero lleno de adversidades
pero también de oportunidades
para conocerme y entenderme en mi real dimensión.
Sin mentirme, sin sabotearme, sin castigarme
innecesariamente y con saña, con alevosía.
Ser propositivo, creativo, confiado en mi inteligencia
de la que tanto me vanaglorié en ese pasado de engaño.
Hoy es usar esa imaginación prolífica
para engendrar bien, bienestar, buena onda,
buena vibra, buenas energías, momentos gratos,
con la claridad y la perspectivas justas,
no a expensas de los demás sino de mí mismo.
La estrategia es no depender de nada ni de nadie
para estar bien con mi ser interior, con ese ser
que me pide a gritos: para ya cabrón,
Deja de cagarte la vida por las puras huevas,
solo por la estupidez de no saber quién eres.
Y yo pienso ahora, quiero saber quién soy
y de que material genético estoy hecho.
Mi conocimiento es mi arma y mi brújula,
mi amor propio es mi caballo de batalla,
mi asertividad es mi máquina de momentos felices,
y mi verdad es mi pasaje de ida a una muerte fresca
a una muerte con sentido, desde el sentido de mi
propia y actual existencia, en el ahora y en el aquí.
Planifico un viaje placentero, con puertos firmes,
playas hermosas llenas de sol y de arena blanca,
húmeda y tibia, con gaviotas que me hagan
pensar que debo tener los pies sobre la tierra
para alcanzar la levedad de la libertad.
La libertad de saberme para amarme
de entenderme para cambiarme
y de pensarme para hacerme.
incondicionalmente y siempre.
¡Vaya premisa a cumplir!
Me corto los h... si no.
Es decir, de esto depende
que mi vida deje de ser
una repetida ruptura entre
el pasado y el presente,
entre vivir con entusiasmo
y reclamarle a la vida
lo que debería haber sido
y no aceptar con serenidad lo que es,
lo que soy y lo que puedo ser si
así lo quiero y si hago algo
para lograr ese objetivo
que por ahora lo veo distante.
No sé cuánto, no sé cuan lejos.
Mi tarea es ir aproximándolo,
acercándolo y empezar a conocerlo
aunque se de lejitos, como se dice.
Lo importante en todo esto es no perder
la perspectiva del cambio, aun si
todo pareciera estar inmóvil
y que nada, absolutamente nada
haya cambiado o cambiará.
Una recaída, un resbalón no debe ser
el impedimento para continuar
en este viaje que pudiera parecer
tormentoso pero que en verdad
es el único camino para ser libre.
Y con libertad me refiero a no depender
de nadie ni de nada para estar bien
conmigo mismo y en paz interior.
Eso anhelo, eso busco, eso quiero.
Dar los primeros pasos sí es un avance,
muchos dirían el gran primer paso,
la decisión determinante,
la acción primordial,
el sí definitivo.
Pero, y por la p... madre, siempre hay un pero
aunque el único pero aquí es la mentira
y la propia frustración de no saber ser capaz.
O sea, el éxito o el fracaso de esta revolución
de conciencia y de materia es cuestión de querer.
Pero ya no solo de quererse o de amarse
sin más condición que la de ser y estar
en esta vida que nunca más se repetirá.
Precisamente es esto: la vida única
y maravillosa que parte desde el aquí
y el ahora, teniendo al pasado solo
como un referente y no como un norte,
y al futuro como un sentido y no una ilusión.
Asertividad, entusiasmo, alegría, honestidad,
valores que ayer solo me sonaban a palabras
necias y fáciles de decir y casi imposibles
de convertirlas en acciones, en hechos diarios,
en plenos efectos de la cotidianidad.
Sí, claro que sí, la autoestima, la valoración
completa de lo que soy, de mis capacidades
y mis limitaciones que a veces pienso
son más las unas que las otras y al revés.
¿Cómo conocerme plenamente?
¿Cómo empezar esa travesía interna
en pos del yo, de mi, de mi Yo?
Las herramientas están ahí, se a conciencia
donde están y cómo utilizarlas, y cuándo,
pero lo que aún no sé es para qué las quiero.
Obviamente alguien con dos neuronas sanas
podría decir que para ser feliz y vivir en paz.
Y yo digo, ¿vivir en paz, feliz?
Acaso antes no decía que eso es pura mierda
metafísica y acartonado idealismo,
que la felicidad es pasajera
más la muerte es severa y duradera.
Pero no quiero morir todavía,
tengo mucho por qué vivir
quiero seguir vivo y quiero ser feliz
en la medida que me decante por eso
y cambie el pensamiento inservible,
en la forma en que aborde mis problemas
y en la manera en cómo los solucione.
Tengo la capacidad para evitarme sufrimientos
gratuitos y desdichas cotidianas con solo no
quererlo, con solo cambiar de idea,
con solo actuar en lugar de solo pensar.
Pienso, eso sí, que es un camino largo,
para mí al menos eso es lo que es,
un sendero lleno de adversidades
pero también de oportunidades
para conocerme y entenderme en mi real dimensión.
Sin mentirme, sin sabotearme, sin castigarme
innecesariamente y con saña, con alevosía.
Ser propositivo, creativo, confiado en mi inteligencia
de la que tanto me vanaglorié en ese pasado de engaño.
Hoy es usar esa imaginación prolífica
para engendrar bien, bienestar, buena onda,
buena vibra, buenas energías, momentos gratos,
con la claridad y la perspectivas justas,
no a expensas de los demás sino de mí mismo.
La estrategia es no depender de nada ni de nadie
para estar bien con mi ser interior, con ese ser
que me pide a gritos: para ya cabrón,
Deja de cagarte la vida por las puras huevas,
solo por la estupidez de no saber quién eres.
Y yo pienso ahora, quiero saber quién soy
y de que material genético estoy hecho.
Mi conocimiento es mi arma y mi brújula,
mi amor propio es mi caballo de batalla,
mi asertividad es mi máquina de momentos felices,
y mi verdad es mi pasaje de ida a una muerte fresca
a una muerte con sentido, desde el sentido de mi
propia y actual existencia, en el ahora y en el aquí.
Planifico un viaje placentero, con puertos firmes,
playas hermosas llenas de sol y de arena blanca,
húmeda y tibia, con gaviotas que me hagan
pensar que debo tener los pies sobre la tierra
para alcanzar la levedad de la libertad.
La libertad de saberme para amarme
de entenderme para cambiarme
y de pensarme para hacerme.