luz gento
Poeta que considera el portal su segunda casa
Parece un poco arrogante
este señor, el ciprés,
que nos mira tan distante
y mide su altura en pies.
Su figura recortada,
muy perfecta y remilgada,
siempre llama al peluquero
que lo poda con esmero.
Yo conozco su secreto,
secreto del corazón,
y es que un día vio la luna
aún siendo un mocetón.
Atrapado por su brillo
y no sabiendo que hacer,
para ganar sus favores,
pasó su día en crecer.
Sólo piensa en alcanzarla
en su paseo del cielo
y, si puede, acompañarla,
pues no se adapta a este suelo...
por eso crece sin fin
recortando el infinito.
No es soberbia ni postín,
son quereres de arbolito.
este señor, el ciprés,
que nos mira tan distante
y mide su altura en pies.
Su figura recortada,
muy perfecta y remilgada,
siempre llama al peluquero
que lo poda con esmero.
Yo conozco su secreto,
secreto del corazón,
y es que un día vio la luna
aún siendo un mocetón.
Atrapado por su brillo
y no sabiendo que hacer,
para ganar sus favores,
pasó su día en crecer.
Sólo piensa en alcanzarla
en su paseo del cielo
y, si puede, acompañarla,
pues no se adapta a este suelo...
por eso crece sin fin
recortando el infinito.
No es soberbia ni postín,
son quereres de arbolito.