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El rito de Ishtar.

romanovski

Poeta recién llegado
Eran doce las comensales

que formaban el círculo

un cenáculo aparecía en el centro

y empezaba el ritual.



Tratábase de purificar

cada orificio del cuerpo

puertas estelares

hacia los confines espectrales


para que el juego conectivo

retroalimentara las fuerzas convectivas,

empoderando a los instrumentos

utilizando los puntos nodales

corporales femeninos

dada la energía

de las doce casas zodiacales

bajo el auspicio lunar.




El círculo de comensales

había de entrelazarse en un beso

sellando entradas y salidas

y abriendo óculos

en cada balaustrada del cuerpo.




Las doce ninfas

iban de la mano

desnudas y extasiadas

bajo el influjo

de la luna negra


y la sustancia del néctar

expelido de cada puerta

de sus templos

al oriente y occidente

del punto neutro.




En ese lugar

se formaban núcleos ámbar

en cada fusión corporal

donde la líbido

era el catalizador central



La voluntad era puesta al servicio

del doceavo comensal

conectando la línea

insufládola en cada cuerpo


e inhalando el vapor sacro

en la forma contemplada

ante los gemidos provocados

en cada casa invocada


cuando en el cenáculo aparecía

la eléctrica mesa

con Ishtar a la cabeza

el fuego en su lengua

iba abrasando cada puerta


con el alimento extraído

del fruto rojo

del triángulo invertido

y del ojo espiralado


como núcleo de acceso

al común habitáculo

en la transustanciación del néctar

y la secuenciación de las inhalaciones


tras la apertura

de las puertas centrales

alterando el núcleo

de las unidades múltiples

de personalidad


invocadas sobre la base

de la diosa lunar

en fase oscura

posibilitando a cada una

de las núbiles ninfas


un éxtasis de eléctrica coherencia

traspasando cada nodo

hacia el portal estelar

del triángulo invertido

y el ojo en espiral


penetrando el núcleo

de la personalidad

en la puerta común

donde la sustancia extraída


hacía de las musas del rito

capacitadores eléctricos

contrayendo sus óculos

hacia el espacio en blanco

y orientando con sus éxtasis

la vista hacia un limbo experimental


al purificar con sus lenguas de fuego

cada acceso al portal central y trasero

degustando el alimento

entregado por la diosa madre Ishtar


desde su puesto honorífico

en el cenáculo

a través del estímulo a energizar

dando el toque maestro

a cada ángulo del cuerpo

de la energía a purificar.



Cada puerta estelar

permitía al ángel tutelar

extender el rito

hacia un nuevo punto cardinal


será hallado

en el lugar más estimulado

conectándolo con el alma

en el instante

que los rostros se curvan


atravesando la zona erógena transversal

una vez que el néctar

se transforma en el elixir

de vida eterna


entregando a cada comensal

la secuencia

que las hará catalizar

cada puerta

ante la entrada

del Dios tutelar


que copulará en el cenáculo

con Ishtar

creando unidades copulativas

retroalimentadas en una santa cena

de homúnculos sacros de verdad.


Fin.

Romanovski ©.
 
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