jmchicco
Poeta que considera el portal su segunda casa
Disneylandia country club,
hoy convoca al presidente,...
Fue una norma intransigente,
que ha nacido de un tabú.
Alguien dijo, vi una luz,
¿tras el muro,...vive gente?,...
¡Mi neurona flota inerte!,
late en riesgo su salud!.
No es posible aquel alud,
reglamento,...¿no lo adviertes?,
¡tengo un pié sobre el sirviente,
y en la mano una cruz!.
-¿Que hay de aquella multitud?,
-¿no hay quien mate a la serpiente?;
-¿no hay impuesto suficiente?,
-¿ya no mata aquel rencor?
Presidente, por favor,
lea bien el reglamento;
si es del pobre, el lamento,
y su alegría es el alcohol,...
Yo no sé de que se quejan,...
¿no es de todos este sol?
Hábleles de nuestro honor,
¿qué no ven mi estamento?;
¡dígales que el reglamento,
fue en repudio a ese hedor!.
Y esos niños,...¡por favor!,
¡tan colmados en defectos!,
¡si parecen los espectros,
de mi inmenso bodegón!.
¡Deje afuera al esperpento!,
¿qué no escucha usted, señor?
Llame ahora a mi doctor,
tráiganme un reglamento,
mi neurona sin aliento,
hoy no ansía jugar golf.
¡Y no hable más de amor,
lea usted el reglamento!,...
Aquí a todo lo imperfecto,...
Lo arrojamos de un balcón.
hoy convoca al presidente,...
Fue una norma intransigente,
que ha nacido de un tabú.
Alguien dijo, vi una luz,
¿tras el muro,...vive gente?,...
¡Mi neurona flota inerte!,
late en riesgo su salud!.
No es posible aquel alud,
reglamento,...¿no lo adviertes?,
¡tengo un pié sobre el sirviente,
y en la mano una cruz!.
-¿Que hay de aquella multitud?,
-¿no hay quien mate a la serpiente?;
-¿no hay impuesto suficiente?,
-¿ya no mata aquel rencor?
Presidente, por favor,
lea bien el reglamento;
si es del pobre, el lamento,
y su alegría es el alcohol,...
Yo no sé de que se quejan,...
¿no es de todos este sol?
Hábleles de nuestro honor,
¿qué no ven mi estamento?;
¡dígales que el reglamento,
fue en repudio a ese hedor!.
Y esos niños,...¡por favor!,
¡tan colmados en defectos!,
¡si parecen los espectros,
de mi inmenso bodegón!.
¡Deje afuera al esperpento!,
¿qué no escucha usted, señor?
Llame ahora a mi doctor,
tráiganme un reglamento,
mi neurona sin aliento,
hoy no ansía jugar golf.
¡Y no hable más de amor,
lea usted el reglamento!,...
Aquí a todo lo imperfecto,...
Lo arrojamos de un balcón.