Jonatan Segen
Poeta recién llegado
En el mismo tempo en que la noche danza,
se encuentra el ruido del llanto
y el aura de un pueblo santo.
Un par de días postreros, donde el suelo entristece,
el sol de nuevo amanece
y brota otra flor del campo.
Es que nada es negro o blanco.
Contempla algún día en silencio:
cuando bajan luna y sol,
noche y luz tiñen la esfera.
Carnes vivas y almas muertas
cruzan igual la primavera.
Ambas al ritmo del tiempo,
no se oyen lamentos ni ansias de inmortalizarse.
Si quieres seguir con vida,
perdón y gloria deben integrarse.
No hay amor en tus pupilas
si, cuando al espejo te miras,
tu sombra, así como tu luz,
no logra reflejarse.
se encuentra el ruido del llanto
y el aura de un pueblo santo.
Un par de días postreros, donde el suelo entristece,
el sol de nuevo amanece
y brota otra flor del campo.
Es que nada es negro o blanco.
Contempla algún día en silencio:
cuando bajan luna y sol,
noche y luz tiñen la esfera.
Carnes vivas y almas muertas
cruzan igual la primavera.
Ambas al ritmo del tiempo,
no se oyen lamentos ni ansias de inmortalizarse.
Si quieres seguir con vida,
perdón y gloria deben integrarse.
No hay amor en tus pupilas
si, cuando al espejo te miras,
tu sombra, así como tu luz,
no logra reflejarse.