Maroc
Alberto
Hoy por hoy ya no llevo relleno,
hago las cosas según la madera
de la que está hecho mi espíritu,
cuando esté muerto me gustaría
que me pusieran un traje de gala
y así sostenerme en los días,
como si fuera un ave del paraíso,
recordando la luz brillante
de tus ojos castaños,
tengo un corcho clavado,
en la pared blanca,
donde pongo chinchetas
para sujetar
fotografías,
notas,
números de teléfono
y algunas citas con médicos,
recuerdo los cálidos
días de la loca juventud
y el guiño de aquellos ojos,
eran como una flor bella,
junto al olor del romero,
y no puedo quitarla de mi mente,
en ocasiones,
creo que el amor es más importante
que la muerte con su guadaña,
esta noche de luna llena
vuelvo a mirar tus cenizas,
sé que vuelan
sobre un estado eterno
que ha franqueado
todos los destinos,
son como un néctar
dulce conduciéndome
hacia la eternidad,
he besado como en las películas
durante una noche estrellada
con la luna llena
arrastrando mi memoria,
me diste en cariño que te sobró
y bañaste mi poema en un orgasmo
azul de roces infinitos
junto a tu cabello,
sería maravilloso,
maravilloso tener
esa dulzura especial
que crecía entre
los bosques de tus gemidos,
este mundo no nació
para ser infinitamente cruel,
siempre cargado de amargura
necia construida a base de billetes,
violencia, hambre,
propaganda siniestra... eterno.
Partiré cualquier día como un cadáver,
de noche, sin despertar a los dormidos,
a las dormidas, caminando lentamente
hacia el alma parida
por mis queridos
montes nevados y silenciosos,
acordándome sin poder olvidar
la belleza de todo tu cuerpo,
el destino no quiso
llenarse con mariposas leves
dueñas infinitas
del último suspiro profundo
nacido atemporal
entre una existencia
que se torno en un momento
sin placeres ni alegrías,
pasaron los años
y mientras la enajenación
iba devorando los sentimientos
llego como si nada... tu muerte...
el recuerdo.
hago las cosas según la madera
de la que está hecho mi espíritu,
cuando esté muerto me gustaría
que me pusieran un traje de gala
y así sostenerme en los días,
como si fuera un ave del paraíso,
recordando la luz brillante
de tus ojos castaños,
tengo un corcho clavado,
en la pared blanca,
donde pongo chinchetas
para sujetar
fotografías,
notas,
números de teléfono
y algunas citas con médicos,
recuerdo los cálidos
días de la loca juventud
y el guiño de aquellos ojos,
eran como una flor bella,
junto al olor del romero,
y no puedo quitarla de mi mente,
en ocasiones,
creo que el amor es más importante
que la muerte con su guadaña,
esta noche de luna llena
vuelvo a mirar tus cenizas,
sé que vuelan
sobre un estado eterno
que ha franqueado
todos los destinos,
son como un néctar
dulce conduciéndome
hacia la eternidad,
he besado como en las películas
durante una noche estrellada
con la luna llena
arrastrando mi memoria,
me diste en cariño que te sobró
y bañaste mi poema en un orgasmo
azul de roces infinitos
junto a tu cabello,
sería maravilloso,
maravilloso tener
esa dulzura especial
que crecía entre
los bosques de tus gemidos,
este mundo no nació
para ser infinitamente cruel,
siempre cargado de amargura
necia construida a base de billetes,
violencia, hambre,
propaganda siniestra... eterno.
Partiré cualquier día como un cadáver,
de noche, sin despertar a los dormidos,
a las dormidas, caminando lentamente
hacia el alma parida
por mis queridos
montes nevados y silenciosos,
acordándome sin poder olvidar
la belleza de todo tu cuerpo,
el destino no quiso
llenarse con mariposas leves
dueñas infinitas
del último suspiro profundo
nacido atemporal
entre una existencia
que se torno en un momento
sin placeres ni alegrías,
pasaron los años
y mientras la enajenación
iba devorando los sentimientos
llego como si nada... tu muerte...
el recuerdo.
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