El ratón Gonzalo.
Érase un ratón desvergonzado,
bigotes finos de ratón sabio,
amante del buen queso curado
y hacía ¡Ñic ñic! al llamarle Gonzalo.
Gonzalo, vivía sólo en su agujero,
se sentaba a oir la radio en un tapón,
y cada vez que sonaba algún bolero,
Gonzalo hacía ¡ñic ñic! de la ilusión.
A Gonzalo le gustaba una ratita,
a la que iba a visitar bien perfumado,
vestido con la chaqueta y la pajarita
de un muñeco de tarta que había encontrado.
Y la ratita preguntaba picarona:
¿cuándo te casarás conmigo?... mañana o pasado,
respondía siempre él medio en broma,
y ella suspiraba: ¡qué desvergonzado!
Érase un ratón desvergonzado,
bigotes finos de ratón sabio,
amante del buen queso curado
y hacía ¡Ñic ñic! al llamarle Gonzalo.
Gonzalo, vivía sólo en su agujero,
se sentaba a oir la radio en un tapón,
y cada vez que sonaba algún bolero,
Gonzalo hacía ¡ñic ñic! de la ilusión.
A Gonzalo le gustaba una ratita,
a la que iba a visitar bien perfumado,
vestido con la chaqueta y la pajarita
de un muñeco de tarta que había encontrado.
Y la ratita preguntaba picarona:
¿cuándo te casarás conmigo?... mañana o pasado,
respondía siempre él medio en broma,
y ella suspiraba: ¡qué desvergonzado!
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