Mykthlan
Poeta recién llegado
Con que frecuencia, una cefalópoda rugosa y mezquina, constituye las acciones que jamás emprendí en mi vida marina; su coraza de estero, se opone irremisiblemente a la inacción y al desamor, ¿De que bien procedo? ¿A que desorbitado cariño responden sus gestos? ¡Oh Dios!
Costeare mis necesidades a trueque por las necesidades más mínimas de su naturaleza; algún falso instinto maquillado de la aspereza, me ha incitado a revolver en sus afilados tentáculos, los sentimientos emblandecidos con la carga enfermiza de su ser. Agluplup….
Hasta este momento, resulta insuficiente, para esa hembra indolente, mi aspecto peligroso de equinodermo ruin; resulta lógico si admitimos que nunca ha temido a nada. Excepto a sí misma.
Mis anillos no le producen el menor espasmo, así también, toda manifestación añil, y peor aún luminiscente, es irrelevante a su ser; probablemente es victima de un congestionado sentido, o mejor dicho, estropeado.
Mi sector no es menos que un suburbio de corales policromos, nunca avistados por las aves abigarradas de alto rango, ni siquiera por el mismísimo Sol. O así parece ser.
Con más frecuencia que un vecino atrabancado, veo sus largas extremidades erosionando mi paladar, ¡demonios del azar! Sufro más las tentaciones de inocular al arbitrio de la naturaleza, los corazones de las langostas que involucrar mi cara bonita, en el bullicio de tu esfera acoralada.
Me resulta tan claro el panorama que producto de la penumbra he visto suscitarse solo confusión/ antítesis octópoda. Ingiero el licor de los delfines y veo solo los confines de mi propio dolor. Nada me falta, por que en realidad, nada soy.
Que torpeza debe uno poseer contra la sangre propia, para negar la procedencia de la existencia misma; el mar, es solo un pretexto genésico, probablemente etiológico, de todo origen; la consecuencia soy yo, y diametralmente –indeseablemente- también tú.
Omitiendo con notable exigencia lo antecedido, nada es más patente que el sopor… ¿Alguien sugiere un nuevo ritmo de vida para un cefalópodo diminuto extraviado en las profundidades? Yo no.
Costeare mis necesidades a trueque por las necesidades más mínimas de su naturaleza; algún falso instinto maquillado de la aspereza, me ha incitado a revolver en sus afilados tentáculos, los sentimientos emblandecidos con la carga enfermiza de su ser. Agluplup….
Hasta este momento, resulta insuficiente, para esa hembra indolente, mi aspecto peligroso de equinodermo ruin; resulta lógico si admitimos que nunca ha temido a nada. Excepto a sí misma.
Mis anillos no le producen el menor espasmo, así también, toda manifestación añil, y peor aún luminiscente, es irrelevante a su ser; probablemente es victima de un congestionado sentido, o mejor dicho, estropeado.
Mi sector no es menos que un suburbio de corales policromos, nunca avistados por las aves abigarradas de alto rango, ni siquiera por el mismísimo Sol. O así parece ser.
Con más frecuencia que un vecino atrabancado, veo sus largas extremidades erosionando mi paladar, ¡demonios del azar! Sufro más las tentaciones de inocular al arbitrio de la naturaleza, los corazones de las langostas que involucrar mi cara bonita, en el bullicio de tu esfera acoralada.
Me resulta tan claro el panorama que producto de la penumbra he visto suscitarse solo confusión/ antítesis octópoda. Ingiero el licor de los delfines y veo solo los confines de mi propio dolor. Nada me falta, por que en realidad, nada soy.
Que torpeza debe uno poseer contra la sangre propia, para negar la procedencia de la existencia misma; el mar, es solo un pretexto genésico, probablemente etiológico, de todo origen; la consecuencia soy yo, y diametralmente –indeseablemente- también tú.
Omitiendo con notable exigencia lo antecedido, nada es más patente que el sopor… ¿Alguien sugiere un nuevo ritmo de vida para un cefalópodo diminuto extraviado en las profundidades? Yo no.
Última edición: