el_ultimo_druida
Poeta recién llegado
Surcaré las tinieblas de los horcos
a bordo de un chalán sin ensamblaje
-de oscuros mascarones-
que lleve a los meandros del estigio
las últimas salmodias
que singlan por los mares belicosos del limbo
y turban los insomnios de la bruma
con cábalas de dioses inconscientes;
allí donde los próvidos singultos
del cosmos,
reposan en calimas obsoletas
y en tártaros difusos
que ocultan el desliz de las quimeras.
Portaré terroríficos emblemas
en lienzos con noctívagos licántropos
y lábaros sangrantes,
con vísceras de endriagos de oníricas leyendas
postrados en yacijas de corambres;
también arrasaré los purgatorios
que habitan las crisálidas,
allí donde dormitan los súcubos inertes
y ocultan sus estupros los vestiglos;
allí donde las lúgubres necrópolis
hacinan a protervos
y a pérfidas arpías de un hosco lupanar,
repleto por algaras de fantoches.
Volverán las heridas, al ultraje silente
que yace en los jirones de locura
y aflora en enigmáticos espasmos
de luz,
portando entre sus garfas ominosas,
amnésicas zozobras
y ofensas de inquietantes cenotafios,
cubiertos por eclipses susurrantes
que ignoran los agravios de las gárgolas,
tras evos de sangrante esclavitud
y lóbregos efluvios
que emanan de las ciénagas ingratas
en densas oleadas con tufos pestilentes.
Resuenan los gemidos de las sierpes aladas,
al borde de los bífidos sepulcros
y surgen de las sombras,
los hálitos de escuálidos dementes
que moran en la densa oscuridad
y ciñen a los muros de angostos panteones,
el póstumo estertor de la cordura;
hoy yace en esta tierra de quietud calcinada
el símbolo de un pueblo
y el llanto de una luna envejecida
que muere lentamente
y esconde entre los ojos del gélido crepúsculo,
a los hijos bastardos de las piedras.
©Reservados todos los derechos
Del poemario "El crisol de las sombras"
a bordo de un chalán sin ensamblaje
-de oscuros mascarones-
que lleve a los meandros del estigio
las últimas salmodias
que singlan por los mares belicosos del limbo
y turban los insomnios de la bruma
con cábalas de dioses inconscientes;
allí donde los próvidos singultos
del cosmos,
reposan en calimas obsoletas
y en tártaros difusos
que ocultan el desliz de las quimeras.
Portaré terroríficos emblemas
en lienzos con noctívagos licántropos
y lábaros sangrantes,
con vísceras de endriagos de oníricas leyendas
postrados en yacijas de corambres;
también arrasaré los purgatorios
que habitan las crisálidas,
allí donde dormitan los súcubos inertes
y ocultan sus estupros los vestiglos;
allí donde las lúgubres necrópolis
hacinan a protervos
y a pérfidas arpías de un hosco lupanar,
repleto por algaras de fantoches.
Volverán las heridas, al ultraje silente
que yace en los jirones de locura
y aflora en enigmáticos espasmos
de luz,
portando entre sus garfas ominosas,
amnésicas zozobras
y ofensas de inquietantes cenotafios,
cubiertos por eclipses susurrantes
que ignoran los agravios de las gárgolas,
tras evos de sangrante esclavitud
y lóbregos efluvios
que emanan de las ciénagas ingratas
en densas oleadas con tufos pestilentes.
Resuenan los gemidos de las sierpes aladas,
al borde de los bífidos sepulcros
y surgen de las sombras,
los hálitos de escuálidos dementes
que moran en la densa oscuridad
y ciñen a los muros de angostos panteones,
el póstumo estertor de la cordura;
hoy yace en esta tierra de quietud calcinada
el símbolo de un pueblo
y el llanto de una luna envejecida
que muere lentamente
y esconde entre los ojos del gélido crepúsculo,
a los hijos bastardos de las piedras.
©Reservados todos los derechos
Del poemario "El crisol de las sombras"