EL PESO DE LA SOMBRA
Cada gota de agua lleva en sí su desierto
(Braulio Arenas)
El peso de la sombra me ancla al suelo
el brillo de los espejos me sume en la oscuridad
el viento acaricia las ventanas
deshojando las margaritas en su eterna búsqueda
del amor.
El mar se deshace en espejos multiformes
que devoran los ausentes pies de las sirenas
un mar deshojado en sombras de acueductos
por los que circula el vino redentor de amores rotos
el mar.
Destejiendo misterios en la noche contemplo
cómo se apagan estrellas y se disuelven constelaciones
Me invade la eternidad de aquel que nunca vivió
la pequeña eternidad oculta tras la hoja
del algarrobo.
La eternidad condensada en esta roca que es mi silla gestatoria
desde la que contemplo los días y sus afanes y las noches y sus dudas
en la que recibo el homenaje de las desdentadas hienas
en la que besan mis pies las flores del cinamomo
mientras la aurora se extingue en un quinqué de petróleo
El lobo de color caduco extiende su aullido vespertino
avisando a las núbiles criaturas para presentar sus ofrendas
Es la hora en la que los puertos de mar se trasladan
a las terrazas ricamente iluminadas
de las avenidas.
Se desinflan aviesamiente los globos de las farolas
dejando a la interperie y a oscuras a las falenas
Solo el simbólico taconeo de las damas enlutadas
resumen de repiques de promiscuas castañuelas
ilumina las escarchas.
Es la ciudad terminal y sus muertes cotidianas
avanzan los desiertos que la circundan con oleaje de palmeras
avanzan las arenas que antes fueron rascacielos
avanzan con plenitud gratuita y músicas de verbena
avanza hacia su desaparición el rojo del último semáforo.
En la noche las pupilas desveladas sueltan sus cabelleras de flores
que crean sus propias noches perfumadas
Afrodita juega con sus pequeños pechos de ámbar
y los tritones alados bailan mazurkas en los patios de las cárceles.
Mi sombra como frazada
mis zapatos dulce hogar
mi bombín y mi paraguas
y el peso de mi sombra
atraen enjambres de abejas
que me elevan en su vuelo.
Cada gota de agua lleva en sí su desierto
(Braulio Arenas)
El peso de la sombra me ancla al suelo
el brillo de los espejos me sume en la oscuridad
el viento acaricia las ventanas
deshojando las margaritas en su eterna búsqueda
del amor.
El mar se deshace en espejos multiformes
que devoran los ausentes pies de las sirenas
un mar deshojado en sombras de acueductos
por los que circula el vino redentor de amores rotos
el mar.
Destejiendo misterios en la noche contemplo
cómo se apagan estrellas y se disuelven constelaciones
Me invade la eternidad de aquel que nunca vivió
la pequeña eternidad oculta tras la hoja
del algarrobo.
La eternidad condensada en esta roca que es mi silla gestatoria
desde la que contemplo los días y sus afanes y las noches y sus dudas
en la que recibo el homenaje de las desdentadas hienas
en la que besan mis pies las flores del cinamomo
mientras la aurora se extingue en un quinqué de petróleo
El lobo de color caduco extiende su aullido vespertino
avisando a las núbiles criaturas para presentar sus ofrendas
Es la hora en la que los puertos de mar se trasladan
a las terrazas ricamente iluminadas
de las avenidas.
Se desinflan aviesamiente los globos de las farolas
dejando a la interperie y a oscuras a las falenas
Solo el simbólico taconeo de las damas enlutadas
resumen de repiques de promiscuas castañuelas
ilumina las escarchas.
Es la ciudad terminal y sus muertes cotidianas
avanzan los desiertos que la circundan con oleaje de palmeras
avanzan las arenas que antes fueron rascacielos
avanzan con plenitud gratuita y músicas de verbena
avanza hacia su desaparición el rojo del último semáforo.
En la noche las pupilas desveladas sueltan sus cabelleras de flores
que crean sus propias noches perfumadas
Afrodita juega con sus pequeños pechos de ámbar
y los tritones alados bailan mazurkas en los patios de las cárceles.
Mi sombra como frazada
mis zapatos dulce hogar
mi bombín y mi paraguas
y el peso de mi sombra
atraen enjambres de abejas
que me elevan en su vuelo.