Javier Palanca
Poeta fiel al portal
Ya me lo decía, Sócrates,
el perro que nunca tuve,
en nuestras tertulias de Sábado noche
cuando la semana pegaba su giro desorbitado,
según él, a cuatro patas duele menos la espalda
y los ojos van más cerca del camino,
según él, a cuatro patas no hay dioses,
que cuando hueles el culo
de una extraña que te seduce,
te hablen de infiernos y sus ácidos mejunjes,
según él, tras los “gin tonics” que nos cascamos,
la evolución es una risa perfecta
cuando descubriendo tener manos
montamos una fiesta de resabiados
entre hipotecas que no pagamos,
según él, puede que esté chuleando,
pero cuando me ve tan loco
buscando compañeras inciertas
me cuenta como en el parque
la sinceridad es su arte.
el perro que nunca tuve,
en nuestras tertulias de Sábado noche
cuando la semana pegaba su giro desorbitado,
según él, a cuatro patas duele menos la espalda
y los ojos van más cerca del camino,
según él, a cuatro patas no hay dioses,
que cuando hueles el culo
de una extraña que te seduce,
te hablen de infiernos y sus ácidos mejunjes,
según él, tras los “gin tonics” que nos cascamos,
la evolución es una risa perfecta
cuando descubriendo tener manos
montamos una fiesta de resabiados
entre hipotecas que no pagamos,
según él, puede que esté chuleando,
pero cuando me ve tan loco
buscando compañeras inciertas
me cuenta como en el parque
la sinceridad es su arte.
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