José Luis Galarza
Poeta que considera el portal su segunda casa
El dolor creció y los objetos perdían sus nombres
bautizados en cada cruce con un estado anómalo,
desplazados kilómetros las miradas y sus presas.
Las voces suenan como golpes o campanas.
disparos y llamarada en un campo minado.
He perdido en la trama la posibilidad de hablar
como antes de la opresión y el desconsuelo.
La oscuridad arrebata la capilla, las palomas,
la sed queda en suspenso.
Una melodía eterna puntea el silencio,
secreta sonidos en un espacio íntimo.
La música no me pertenece,
permite que perfore la muralla.
El odio está al frente… y al mando.
La apatía es la mueca de un estado.
Y si cierro los ojos el orden es otro,
los estantes ordenan universos
reconocibles en uno,
ostenta el lenguaje que olvidé en el abrazo del mundo,
pero cuando planto mi antena en lo recóndito
el perfume salva recuerdos.
Soy entonces bosque y secreto intenso,
exiliado y clandestino pero en mí.
©JLGalarza
bautizados en cada cruce con un estado anómalo,
desplazados kilómetros las miradas y sus presas.
Las voces suenan como golpes o campanas.
disparos y llamarada en un campo minado.
He perdido en la trama la posibilidad de hablar
como antes de la opresión y el desconsuelo.
La oscuridad arrebata la capilla, las palomas,
la sed queda en suspenso.
Una melodía eterna puntea el silencio,
secreta sonidos en un espacio íntimo.
La música no me pertenece,
permite que perfore la muralla.
El odio está al frente… y al mando.
La apatía es la mueca de un estado.
Y si cierro los ojos el orden es otro,
los estantes ordenan universos
reconocibles en uno,
ostenta el lenguaje que olvidé en el abrazo del mundo,
pero cuando planto mi antena en lo recóndito
el perfume salva recuerdos.
Soy entonces bosque y secreto intenso,
exiliado y clandestino pero en mí.
©JLGalarza
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