Alicia M.L.
Poeta recién llegado
El silencio lo inunda todo....
Ahora los cantos alegres de los pájaros son sustituídos por el inaudible sonido de la brisa otoñal.
Hojas anaranjadas, marrones, rojizas u ocres, caen de los árboles llevadas por el viento....
En el centro un enorme roble, de corteza robusta y raíz profunda, muestras sus ramas; más aquella planta era el corazón de gran mujer que, tras la experiencia, con otro cristal su alrededor contempla.
Desde su balcón, espera.
¿A quién o a qué?
Eso no se sabe.
Pero espera.... y observa.
En frente, un lago muestra sus aguas cristalinas que brillan como la plata; destacando, como destacan, en la cabellera de dicha dama, las primeras canas, síntoma de la sabiduría acumulada.
Caen hojas de colores: rojas, marrones, narajas, ocres....
Con la mirada fija en el horizonte, los pensamientos vuelan, hacia el crepúsculo, con nostalgia pasajera.
Al igual que el árbol, paciente, solitario, aguanta la tempestad, se acompaña de recuerdos en esa tarde de soledad.
Suspira. Espera. Suspira.
... Y mira a los niños jugar, síbolo de primavera, después el verano....
... Y les llegará el otoño, como a ella.
Finalmente, el invierno, cada vez más cercano, congelando pies y manos hasta no poder soportarlo...
Hojas rojas y ocres.
Hojas naranjas y marrones.
Se mezclan en el pelo de la que sueña a la luz de los faroles.
... Marrones, naranjas.
... Ocres, rojas.
Son hojas de vivos colores que caerán en todos los rincones.
Ahora los cantos alegres de los pájaros son sustituídos por el inaudible sonido de la brisa otoñal.
Hojas anaranjadas, marrones, rojizas u ocres, caen de los árboles llevadas por el viento....
En el centro un enorme roble, de corteza robusta y raíz profunda, muestras sus ramas; más aquella planta era el corazón de gran mujer que, tras la experiencia, con otro cristal su alrededor contempla.
Desde su balcón, espera.
¿A quién o a qué?
Eso no se sabe.
Pero espera.... y observa.
En frente, un lago muestra sus aguas cristalinas que brillan como la plata; destacando, como destacan, en la cabellera de dicha dama, las primeras canas, síntoma de la sabiduría acumulada.
Caen hojas de colores: rojas, marrones, narajas, ocres....
Con la mirada fija en el horizonte, los pensamientos vuelan, hacia el crepúsculo, con nostalgia pasajera.
Al igual que el árbol, paciente, solitario, aguanta la tempestad, se acompaña de recuerdos en esa tarde de soledad.
Suspira. Espera. Suspira.
... Y mira a los niños jugar, síbolo de primavera, después el verano....
... Y les llegará el otoño, como a ella.
Finalmente, el invierno, cada vez más cercano, congelando pies y manos hasta no poder soportarlo...
Hojas rojas y ocres.
Hojas naranjas y marrones.
Se mezclan en el pelo de la que sueña a la luz de los faroles.
... Marrones, naranjas.
... Ocres, rojas.
Son hojas de vivos colores que caerán en todos los rincones.
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