Beache
Bertoldo Herrera Gitterman
EL ORO DEL LAMAMI
El Carmelo bajó el Lamami
y llegó a la “Santa María”
para ver si era verdadero
aquello que la gente decía.
Era la “Santa María”
una parcela olvidada.
Los dueños cuando se fueron
y la dejaron abandonada.
Se decía que ese caudal
contenía un gran tesoro:
gente de tiempos de antes
desde allí sacaban oro.
Con sus aguas, el Lamami
corriendo al este, la cruzaba
en doscientos setenta metros
de pura quila y quebrada.
Si acaso era pura leyenda
lo que la gente le decía
pues, ahí estaba el Carmelo
y pronto lo comprobaría.
No había que llevar picota
pues todo estaba picado
sólo echar grava en el chaigüe
y comenzar el lavado.
Mientras él iba arnereando
todo el material cargado
en el fondo de su chaigüe
iba el oro quedando pegado.
Un tarro de esos más grandes
donde venden la leche “Nido”
muy pronto se quedó lleno
de pepitas de oro molido.
Y, no faltó el acomedido
que le dijo sin un reparo
“sacar oro así no más
puede resultarte muy caro”
“En Chile, el oro que existe
es propiedad del Estado
y si alguien quiere extraerlo
es asunto muy complicado”
Y conversó con su almohada
para urdir un buen plan
y quedarse con todo ese oro
sin que nadie lo pueda acusar.
En una papa bien grande
talló el peón del ajedrez
poniendo mucho cuidado
que arriba quedaran los pies.
Y allí fue vaciando el oro
que él había fundido
en una cacerola pequeña
sobre el fuego encendido.
Y no se quedó tranquilo:
treinta y dos piezas en total
hasta terminarlo completo
y ninguna le quedó mal.
Al terminar todas las piezas
y el juego completo quedó
algunas, pintó color negro
las otras, de blanco pintó.
Cuando llega alguna visita
enseguida la invita a jugar,
ya nadie puede ganarle
de tanto que suele practicar.
Y si uno se siente extrañado
de tanta pieza tan pesada
Carmelo pronto le explica:
“es pura piedra tallada”.
…
Unos metros, estero abajo
se escucha el agua cantar
capaz que sea oro esperando
que alguien lo vaya a buscar.
Bertoldo Herrera Gitterman
Nueva Imperial, 06 09 23
El Carmelo bajó el Lamami
y llegó a la “Santa María”
para ver si era verdadero
aquello que la gente decía.
Era la “Santa María”
una parcela olvidada.
Los dueños cuando se fueron
y la dejaron abandonada.
Se decía que ese caudal
contenía un gran tesoro:
gente de tiempos de antes
desde allí sacaban oro.
Con sus aguas, el Lamami
corriendo al este, la cruzaba
en doscientos setenta metros
de pura quila y quebrada.
Si acaso era pura leyenda
lo que la gente le decía
pues, ahí estaba el Carmelo
y pronto lo comprobaría.
No había que llevar picota
pues todo estaba picado
sólo echar grava en el chaigüe
y comenzar el lavado.
Mientras él iba arnereando
todo el material cargado
en el fondo de su chaigüe
iba el oro quedando pegado.
Un tarro de esos más grandes
donde venden la leche “Nido”
muy pronto se quedó lleno
de pepitas de oro molido.
Y, no faltó el acomedido
que le dijo sin un reparo
“sacar oro así no más
puede resultarte muy caro”
“En Chile, el oro que existe
es propiedad del Estado
y si alguien quiere extraerlo
es asunto muy complicado”
Y conversó con su almohada
para urdir un buen plan
y quedarse con todo ese oro
sin que nadie lo pueda acusar.
En una papa bien grande
talló el peón del ajedrez
poniendo mucho cuidado
que arriba quedaran los pies.
Y allí fue vaciando el oro
que él había fundido
en una cacerola pequeña
sobre el fuego encendido.
Y no se quedó tranquilo:
treinta y dos piezas en total
hasta terminarlo completo
y ninguna le quedó mal.
Al terminar todas las piezas
y el juego completo quedó
algunas, pintó color negro
las otras, de blanco pintó.
Cuando llega alguna visita
enseguida la invita a jugar,
ya nadie puede ganarle
de tanto que suele practicar.
Y si uno se siente extrañado
de tanta pieza tan pesada
Carmelo pronto le explica:
“es pura piedra tallada”.
…
Unos metros, estero abajo
se escucha el agua cantar
capaz que sea oro esperando
que alguien lo vaya a buscar.
Bertoldo Herrera Gitterman
Nueva Imperial, 06 09 23