magozzcuro
Poeta asiduo al portal
Amparo es hermosa de pies a cabeza: cabello rubio, piel suave y sonrisa infinita; sin contar que tiene una asentada personalidad y un camino trazado. Solo tiene un defecto que la hace impenetrable: es testigo de Jehová. Todos los domingos después de salir del supermercado en el que trabaja como cajera llega a su casa y después de descansar se alista y sale a refugiarse en el salón del reino.
La religión es lo más dañino del mundo; a causa de ese defecto han muerto millones de personas defendiendo sus creencias ciegas. Pensándolo bien, todas los fanatismos son dañinos: el futbol, la música y el nacionalismo exacerbado; pero sin duda la religión se lleva el primer puesto.
A pesar de ser testigo de Jehová y de creer entre muchas otras cosas que ellos son los únicos que se van a salvar; ella tiene su encanto. Cuando hablamos trata de convencerme de que su religión es la correcta y que yo estoy en la inmundicia. Me explica de a poco apartes de la biblia y su significado (según su religión) que tiene para nosotros; la pobre humanidad. Nunca me he atrevido a decirle que no creo en el cielo y que Dios es una entidad cada vez más abstracta en mi pensamiento. No lo hago por el simple temor que tengo a que ella le moleste mi forma de pensar y no me vuelva a admitir en su casa.
He pensado que Amparo guarda mucha represión debajo de su piel y por ello se refugia en dogmas estúpidos e inocuos. Lo hace para olvidarse de quien fue; o quizá de quien no llegó a ser. El negarse los placeres más personales debería ser delito, deberíamos dar más rienda suelta a nuestros instintos; ser más salvajes.
No tiene marido ni novio. El tema del amor es algo restringido para mí, está prohibido hablarle de eso. A cambio ella me da consejos de vida basados en experiencias que ella u otro pendejo ha vivido anteriormente. Alguna vez pensé en enamorarla y ayudarla a salir de ese marasmo en el que anda metida; pero inmediatamente abandoné la empresa por tratarse de algo imposible. Es difícil cambiar a alguien que ha dejado de vivir esta vida por creer en una que está más allá de nuestra imaginación y que seguramente ni exista. Ha estado a punto de convencerme de ir a su iglesia; y yo he estado a punto de ceder al encanto de sus palabras dulces. Afortunadamente me queda algo de libertad y ni siquiera un bonito rostro cambiará mi opinión sobre las esclavitudes disfrazadas.
La religión es lo más dañino del mundo; a causa de ese defecto han muerto millones de personas defendiendo sus creencias ciegas. Pensándolo bien, todas los fanatismos son dañinos: el futbol, la música y el nacionalismo exacerbado; pero sin duda la religión se lleva el primer puesto.
A pesar de ser testigo de Jehová y de creer entre muchas otras cosas que ellos son los únicos que se van a salvar; ella tiene su encanto. Cuando hablamos trata de convencerme de que su religión es la correcta y que yo estoy en la inmundicia. Me explica de a poco apartes de la biblia y su significado (según su religión) que tiene para nosotros; la pobre humanidad. Nunca me he atrevido a decirle que no creo en el cielo y que Dios es una entidad cada vez más abstracta en mi pensamiento. No lo hago por el simple temor que tengo a que ella le moleste mi forma de pensar y no me vuelva a admitir en su casa.
He pensado que Amparo guarda mucha represión debajo de su piel y por ello se refugia en dogmas estúpidos e inocuos. Lo hace para olvidarse de quien fue; o quizá de quien no llegó a ser. El negarse los placeres más personales debería ser delito, deberíamos dar más rienda suelta a nuestros instintos; ser más salvajes.
No tiene marido ni novio. El tema del amor es algo restringido para mí, está prohibido hablarle de eso. A cambio ella me da consejos de vida basados en experiencias que ella u otro pendejo ha vivido anteriormente. Alguna vez pensé en enamorarla y ayudarla a salir de ese marasmo en el que anda metida; pero inmediatamente abandoné la empresa por tratarse de algo imposible. Es difícil cambiar a alguien que ha dejado de vivir esta vida por creer en una que está más allá de nuestra imaginación y que seguramente ni exista. Ha estado a punto de convencerme de ir a su iglesia; y yo he estado a punto de ceder al encanto de sus palabras dulces. Afortunadamente me queda algo de libertad y ni siquiera un bonito rostro cambiará mi opinión sobre las esclavitudes disfrazadas.