danie
solo un pensamiento...
Cuatro presagios del viento
/ cuatro suspiros vaticinadores /
el oriente / el occidente
/ el céfiro y el hálito
/ sin la estación del cuerpo
con un tren con cuatro vagones
que parte
hacía las sendas trilladas de tréboles
de cuatro hojas
tan simples
/ tan monótonas y predecibles por los ojos
y sus cuatro sentidos
de un mundo durmiente
de vez en cuando
hay cuatro estrellas llorando a mis verdores
cuatro promesas gimientes
se desembocan sobre las copas gastadas
y sus cuatro gargantas
de llanto / nostalgia
/ dolor y sentimiento
El número cuatro gira en mi entorno
trayendo cada cuatro noches
cuatro rugidos
/ una muerte
/ un nacimiento
/ una juventud y una vejez
una vida pasando frente a mis ojos
frente a las cuatro paredes
que albergan mi insania
el número par
es un sagaz verdugo de mi cuerpo
/ de mi alma
/ de mi voz
y también de mi corazón
cuatro adioses
parten en dos por dos a la despedida
de los cuatro besos de los ángeles /
mi madre / mi nana /
mi hermanita y mi mujer
hoy cenizas de una época
/ regurgitadas
/ vomitadas
/ dilapidadas y esparcidas
/ siempre de estas cuatro formas /
sobre los simientes de mi fin
de mi par
cuatro sueños perdidos en la plaza de mi infancia
en las únicas cuatro calles del barrio
que no llegan a mi hogar
cuatro días menguantes
forman un anuario de cuatro siglos sin sol
cuatro eternidades
en donde nazco
/ vivo / envejezco y muero
para volver a nacer
/ vivir / envejecer y morir
con todos los verbos y sus gerundios
durante cuatro siglos
que juegan con dos dados
y siempre sale el número dos en cada dado
Quién sabe
tal vez en algún día
o en algún sol
o en alguna noche
o en alguna luna
el número par se vuelva impar
para tener a una sola muerte
a un último aliento
a un último lamento
en una lápida con un único nombre
pero hasta el tiempo
borra a los rostros y a los nombres
a los números pares o impares
a los pasos bohemios o dinámicos
y ese uno
se volverá un cero
en la vacía y empolvada memoria
/ cuatro suspiros vaticinadores /
el oriente / el occidente
/ el céfiro y el hálito
/ sin la estación del cuerpo
con un tren con cuatro vagones
que parte
hacía las sendas trilladas de tréboles
de cuatro hojas
tan simples
/ tan monótonas y predecibles por los ojos
y sus cuatro sentidos
de un mundo durmiente
de vez en cuando
hay cuatro estrellas llorando a mis verdores
cuatro promesas gimientes
se desembocan sobre las copas gastadas
y sus cuatro gargantas
de llanto / nostalgia
/ dolor y sentimiento
El número cuatro gira en mi entorno
trayendo cada cuatro noches
cuatro rugidos
/ una muerte
/ un nacimiento
/ una juventud y una vejez
una vida pasando frente a mis ojos
frente a las cuatro paredes
que albergan mi insania
el número par
es un sagaz verdugo de mi cuerpo
/ de mi alma
/ de mi voz
y también de mi corazón
cuatro adioses
parten en dos por dos a la despedida
de los cuatro besos de los ángeles /
mi madre / mi nana /
mi hermanita y mi mujer
hoy cenizas de una época
/ regurgitadas
/ vomitadas
/ dilapidadas y esparcidas
/ siempre de estas cuatro formas /
sobre los simientes de mi fin
de mi par
cuatro sueños perdidos en la plaza de mi infancia
en las únicas cuatro calles del barrio
que no llegan a mi hogar
cuatro días menguantes
forman un anuario de cuatro siglos sin sol
cuatro eternidades
en donde nazco
/ vivo / envejezco y muero
para volver a nacer
/ vivir / envejecer y morir
con todos los verbos y sus gerundios
durante cuatro siglos
que juegan con dos dados
y siempre sale el número dos en cada dado
Quién sabe
tal vez en algún día
o en algún sol
o en alguna noche
o en alguna luna
el número par se vuelva impar
para tener a una sola muerte
a un último aliento
a un último lamento
en una lápida con un único nombre
pero hasta el tiempo
borra a los rostros y a los nombres
a los números pares o impares
a los pasos bohemios o dinámicos
y ese uno
se volverá un cero
en la vacía y empolvada memoria
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