Vesper
Poeta asiduo al portal
Primera parte: http://www.mundopoesia.com/foros/prosa-amor/213951-mirada-ausente-el-enamorado-perdido-i.html
El niño y el caballero
(El enamorado perdido II)
(Tres años antes)
EL día era maravilloso, el cielo despejado permitía que el sol iluminara cálidamente cada centímetro de la pequeña aldea con rayos primaverales. Aunque sabía que había mucho que hacer en la casa la joven no pudo resistir la tentación de salir a dar un paseo. Había estado sola zurciendo las ropas gastadas de su padre y hermano mayor, que no resistían el intenso trabajo que habían estado realizando en los últimos días en la reconstrucción de uno de los puentes cercanos. Llegarían en una hora y su madre con ellos, por lo que pensó en dar una caminata rápida para tomar aire sin que se notara su falta.
Recorrió el camino principal de la aldea mirando a su alrededor. Ya todos comenzaban a saborear el final de sus horas de trabajo y ya se imaginaban de vuelta en sus respectivas casas para descansar, todo estaba tranquilo y relajado a ese momento del día.
Llegando hacia el final del camino, encontrándose próxima a la entrada a la aldea, la sorprendió un pequeño que apareció desde una esquina y salió corriendo desaforadamente hacia los campos aledaños. Pudo reconocer al hijo menor de su vecino, y dada la edad del pequeño y su expresión seria en el rostro al correr, pensó que algo podía pasarle. Miró a su alrededor, pero nadie parecía haberlo visto. No lo pensó dos veces y corrió detrás de él, llamándolo en vano ya que éste no obedecía. Hubiera sido una irresponsabilidad de su parte dejar que el niño se alejara. Recorrieron unos doscientos metros cuando el niño se detuvo y giró en dirección a los cultivos de maíz y se disipó entre ellos.
La joven se dirigió detrás de él, pero lo había perdido de vista. Avanzó entre las plantas de maíz unos cuantos metros esperando toparse con él. Pero no lo hizo. Su preocupación casi maternal en un principio comenzaba a convertirse de a poco en miedo… Camino unos metros más entre los cultivos y la idea de que no lo encontraría comenzaba a surgir en su mente. La situación se tornaba extraña…
“¿Qué le pasa a este chico? Que juego tonto tiene, es peligroso… ¿Dónde estás? Ya, ¡aparece! Me estoy preocupando, vamos, salí… Hay, No escucho nada… ¿Qué voy a decir? Vuelvo y pido ayuda… No, no, tiene que estar acá… Me llega a asustar y lo mato… Empiezo a tener miedo… ¿Dónde te fuiste? Por favor, quiero volver… Esto me asusta.”
(Le pesan las piernas, respira pesadamente. El calor entre los cultivos la hace transpirar, pierde la serenidad, comienza a volver.)
“Capaz ya salió… ¿Por dónde vuelvo? Si caminé sólo unos pasos, ¿Dónde me metí? Hay, ¡NO! ¿Dónde me metí? ¡Si vine derecho!
(Pánico. Corre.)
“Por acá, por acá. No, no… ¡HAY! ¿CÓMO SALGO?”
(Su cara comienza a descubrir una mueca de llanto. Desesperación.)
“Me perdí… ¡ME PERDÍ! Me perdí, me perdí… No se que hacer, por favor, por favor…”
(Una lágrima brota y resbala por su suave mejilla. Escucha unos pasos mas adelante…)
“Tranquilidad… no pasa nada…”
- ¡Ayuda! ¡Por favor!
(Los pasos se dirigen a ella. Ve una persona vestida de negro que se aproxima, le parece una persona confiable, ve un rostro gentil en él.)
- ¡Oh, señor! Ayúdeme, perdí un niño aquí y ahora no se cómo salir, estoy desesperada, no se que hacer, quería…
(El caballero la interrumpe con una sonrisa.)
- Lo sé.
Y su mundo se volvió negro...
EL día era maravilloso, el cielo despejado permitía que el sol iluminara cálidamente cada centímetro de la pequeña aldea con rayos primaverales. Aunque sabía que había mucho que hacer en la casa la joven no pudo resistir la tentación de salir a dar un paseo. Había estado sola zurciendo las ropas gastadas de su padre y hermano mayor, que no resistían el intenso trabajo que habían estado realizando en los últimos días en la reconstrucción de uno de los puentes cercanos. Llegarían en una hora y su madre con ellos, por lo que pensó en dar una caminata rápida para tomar aire sin que se notara su falta.
Recorrió el camino principal de la aldea mirando a su alrededor. Ya todos comenzaban a saborear el final de sus horas de trabajo y ya se imaginaban de vuelta en sus respectivas casas para descansar, todo estaba tranquilo y relajado a ese momento del día.
Llegando hacia el final del camino, encontrándose próxima a la entrada a la aldea, la sorprendió un pequeño que apareció desde una esquina y salió corriendo desaforadamente hacia los campos aledaños. Pudo reconocer al hijo menor de su vecino, y dada la edad del pequeño y su expresión seria en el rostro al correr, pensó que algo podía pasarle. Miró a su alrededor, pero nadie parecía haberlo visto. No lo pensó dos veces y corrió detrás de él, llamándolo en vano ya que éste no obedecía. Hubiera sido una irresponsabilidad de su parte dejar que el niño se alejara. Recorrieron unos doscientos metros cuando el niño se detuvo y giró en dirección a los cultivos de maíz y se disipó entre ellos.
La joven se dirigió detrás de él, pero lo había perdido de vista. Avanzó entre las plantas de maíz unos cuantos metros esperando toparse con él. Pero no lo hizo. Su preocupación casi maternal en un principio comenzaba a convertirse de a poco en miedo… Camino unos metros más entre los cultivos y la idea de que no lo encontraría comenzaba a surgir en su mente. La situación se tornaba extraña…
“¿Qué le pasa a este chico? Que juego tonto tiene, es peligroso… ¿Dónde estás? Ya, ¡aparece! Me estoy preocupando, vamos, salí… Hay, No escucho nada… ¿Qué voy a decir? Vuelvo y pido ayuda… No, no, tiene que estar acá… Me llega a asustar y lo mato… Empiezo a tener miedo… ¿Dónde te fuiste? Por favor, quiero volver… Esto me asusta.”
(Le pesan las piernas, respira pesadamente. El calor entre los cultivos la hace transpirar, pierde la serenidad, comienza a volver.)
“Capaz ya salió… ¿Por dónde vuelvo? Si caminé sólo unos pasos, ¿Dónde me metí? Hay, ¡NO! ¿Dónde me metí? ¡Si vine derecho!
(Pánico. Corre.)
“Por acá, por acá. No, no… ¡HAY! ¿CÓMO SALGO?”
(Su cara comienza a descubrir una mueca de llanto. Desesperación.)
“Me perdí… ¡ME PERDÍ! Me perdí, me perdí… No se que hacer, por favor, por favor…”
(Una lágrima brota y resbala por su suave mejilla. Escucha unos pasos mas adelante…)
“Tranquilidad… no pasa nada…”
- ¡Ayuda! ¡Por favor!
(Los pasos se dirigen a ella. Ve una persona vestida de negro que se aproxima, le parece una persona confiable, ve un rostro gentil en él.)
- ¡Oh, señor! Ayúdeme, perdí un niño aquí y ahora no se cómo salir, estoy desesperada, no se que hacer, quería…
(El caballero la interrumpe con una sonrisa.)
- Lo sé.
Y su mundo se volvió negro...
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