prisionero inocente
Poeta que considera el portal su segunda casa
De entre los sueños aparece el hambre y devora tu pureza
como una loba a su propio cuerpo herido por balas.
Gigantes carámbanos atraviesan tu mirada, niño
y uno descubre allí tumbas luminosas del fauno.
Te has vuelto un clavo que crucifica la indiferencia
sin piedad en mi pecho -que ya es el edén de los clavos-.
Nunca las sandalias de la verdad tuvieron tantos huecos
que cuando decidieron abrazar tu suerte de hoja
desparramada del cierzo, convertida en hacha de otoño.
Y soplas dientes de león como si abrigaras la selva de rotos cielos
en un inútil intento de cruzar más allá de los labios.
Soy el corazón de tu hambre que late al revés de la existencia
y eres mi hambre de poemas y banderas vencidas,
flamantes como la falda de una diosa que persigue
tu calvario de marfil, tus rinocerontes corriendo
por áridos lares donde lloran los vacíos.
como una loba a su propio cuerpo herido por balas.
Gigantes carámbanos atraviesan tu mirada, niño
y uno descubre allí tumbas luminosas del fauno.
Te has vuelto un clavo que crucifica la indiferencia
sin piedad en mi pecho -que ya es el edén de los clavos-.
Nunca las sandalias de la verdad tuvieron tantos huecos
que cuando decidieron abrazar tu suerte de hoja
desparramada del cierzo, convertida en hacha de otoño.
Y soplas dientes de león como si abrigaras la selva de rotos cielos
en un inútil intento de cruzar más allá de los labios.
Soy el corazón de tu hambre que late al revés de la existencia
y eres mi hambre de poemas y banderas vencidas,
flamantes como la falda de una diosa que persigue
tu calvario de marfil, tus rinocerontes corriendo
por áridos lares donde lloran los vacíos.
Última edición: