infeliz?
Feliz
La noche ha comenzado a eclipsar vuestros albares cuerpos,
Y está el papel teñido todo negro,
Como testigo mudo de la Historia empapada lentamente,
Con los crespones rasos como el tiempo.
Y negros, tan negros
Del arpa ha eclosionado
La última y primera melodía,
Afinada en los siglos de los hombres,
Incubada en Su mano,
Tendida e inclinada, con Sus dedos solares
Acariciando el tácito mañana sonrosado
Como el hálito húmedo de un niño.
Pero no es la mañana de oro y escarlata,
Como las copas mágicas que todos los poetas vertieron.
Viene la luz mordida por pálidos lamentos
Y es imposible beber de la ambrosía
En recipiente cóncavo, concreto.
Se fue la luz y viene, ya, la noche,
Como negra esperanza sosegada,
Derramada, intangible, inabarcable,
Lejos de cualquier cáliz, cualquier sueño,
Filtro oscuro del átomo carbono
Y los pecados de almas ya carbonizadas.
La mañana es el bucle fútil de la noche,
Que vierte ya su llanto como el agua,
Y se vierte en el agua,
Y el agua se derrama,
Y la noche se mesa sus cabellos helados,
Argentinos y lánguidos micelios,
Con el peine de estaño de las horas pasadas,
Y el mundo ya se acaba,
La lignina se adhiere a las palabras
Y va soldando el hueco del silencio y de la nada.
Y el mundo ya se acaba,
Y el mundo ya se acaba,
Los crespones tan negros y rasos como el tiempo
Y el alma atomizada.
Los pecados en un filtro de espejos,
Y el alma tan borrosa, ya borrada.
Y está el papel teñido todo negro,
Como testigo mudo de la Historia empapada lentamente,
Con los crespones rasos como el tiempo.
Y negros, tan negros
Del arpa ha eclosionado
La última y primera melodía,
Afinada en los siglos de los hombres,
Incubada en Su mano,
Tendida e inclinada, con Sus dedos solares
Acariciando el tácito mañana sonrosado
Como el hálito húmedo de un niño.
Pero no es la mañana de oro y escarlata,
Como las copas mágicas que todos los poetas vertieron.
Viene la luz mordida por pálidos lamentos
Y es imposible beber de la ambrosía
En recipiente cóncavo, concreto.
Se fue la luz y viene, ya, la noche,
Como negra esperanza sosegada,
Derramada, intangible, inabarcable,
Lejos de cualquier cáliz, cualquier sueño,
Filtro oscuro del átomo carbono
Y los pecados de almas ya carbonizadas.
La mañana es el bucle fútil de la noche,
Que vierte ya su llanto como el agua,
Y se vierte en el agua,
Y el agua se derrama,
Y la noche se mesa sus cabellos helados,
Argentinos y lánguidos micelios,
Con el peine de estaño de las horas pasadas,
Y el mundo ya se acaba,
La lignina se adhiere a las palabras
Y va soldando el hueco del silencio y de la nada.
Y el mundo ya se acaba,
Y el mundo ya se acaba,
Los crespones tan negros y rasos como el tiempo
Y el alma atomizada.
Los pecados en un filtro de espejos,
Y el alma tan borrosa, ya borrada.