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El Mesón

Luis Á. Ruiz Peradejordi

Poeta que considera el portal su segunda casa
Toda la gente lo llama el Mesón; cuando no había otro paso que el obligado del Camino Real, era mesón y parada de postas. Los largos viajes a Santander tenían aquí, indefectiblemente, uno de sus altos.


De aquello, tan sólo queda el recuerdo y un patio grande, capaz de albergar varios carruajes, con establos, que hoy se usan como despensas, almacenes y paneras. Lo que fue mesón y albergue, es hoy vivienda.


Juan, es menudo, delgado y posee ese buen saber estar que tanto se agradece. A pesar de su jubilación, se le ve siempre inquieto, buscando ocupaciones, como aquél que no puede pasar ocioso las horas, sin moverse de su asiento.


Además, Juan es aguardentero. Apila en el patio enormes montones de hollejos, de uvas ya prensadas; cuando llega el tiempo, lo destila, como tantas veces viese hacerlo en su casa.


Destila con alambique, que tiene un serpentín brillante y pulido. Todos estos días de atrás, los ha pasado revisándolo; buscando alguna picadura, un poro, viendo que todo ajuste, y colocando las botellas nuevas en las que va a encorchar.


Ya ha prendido el fuego y en el calderín coloca las madres, mientras las va apretando con calma. Por fin lo tapa y a esperar. El ambiente es sofocante; el cuarto, aunque está abierta la ventana, se convierte en un horno. En un instante, el olor del alcohol invade todo y, por el extremo del serpentín, destila, en apenas un hilillo, el primer orujo.


- Es mejor el aguardiente de alquitara -


Afirma, mientras me ofrece en un vaso, un culín de orujo, todavía caliente.


- Pero no se acostumbra por aquí, eso es en Galicia -


Y se extiende en explicaciones que no entiendo, sobre fracciones de la destilación, sobre las uvas, sobre los impuestos... Para terminar diciendo:


- Este es el último año. Desde que desceparon, por aquí apenas encuentro material. Lo que tengo lo traje de Cigales. Y luego, Hacienda se lo lleva todo en impuestos -


El hijo me sonríe y hace un gesto, como indicándome: Es su modo de desahogar. Todos los años lo repite, amenaza, pero llegado el tiempo, le tira como una tradición que no pudiera desarraigar.


Cuando salgo, ya ha caído la tarde y el contraste del calor de dentro con el frío del patio, me hace tiritar. El olor del alcohol impregna el paisaje. Aparecen las primeras estrellas en lo alto; alguna veo titilar.


Durante toda la noche, extrayendo misterios a la uva, como un alquimista de otros tiempos, va a estar trabajando Juan.

 
Durante toda la noche, extrayendo misterios a la uva, como un alquimista de otros tiempos, va a estar trabajando Juan.


Es una alegría inmensa venir de este lado del portal, y ver algo nuevo tuyo, Luis...
Estoy acostumbrada a tus relatos, me gustan, y me gustan porque son místicos. Por eso te cité esa línea.
Sé que esto que te digo no es nuevo, y que muchos lectores habrán expresado ya, que tus letras tienen halos de magia.
En este caso, estás relatando la actividad de una persona normal, Juan y su oficio, con todos sus detalles. Un artesano de las uvas y del alcohol. Pero la forma de presentar el paisaje, el contexto, las descripciones, y el componente de tu alma que las aprecia y elevándolas las transforma en historias, hace que venir a encontrar tus tesoros, sea un placer que sinceramente quisiera hallar cada día.
Sé que a las musas hay que dejarlas descansar, y también sé que ellas vienen, te bendicen y podemos ingresar nuevamente a tus mundos.
Este cuento es además sensorial, se siente el aroma de ese licor, y el frío de la noche estrellada.
Estoy muy feliz de haber podido conocer tus letras.

Te envío un abrazo de media mañana gris y templada en Buenos Aires, con cariño sincero, amistad y admiración.
Y además un aplauso :).
 
Es una alegría inmensa venir de este lado del portal, y ver algo nuevo tuyo, Luis...
Estoy acostumbrada a tus relatos, me gustan, y me gustan porque son místicos. Por eso te cité esa línea.
Sé que esto que te digo no es nuevo, y que muchos lectores habrán expresado ya, que tus letras tienen halos de magia.
En este caso, estás relatando la actividad de una persona normal, Juan y su oficio, con todos sus detalles. Un artesano de las uvas y del alcohol. Pero la forma de presentar el paisaje, el contexto, las descripciones, y el componente de tu alma que las aprecia y elevándolas las transforma en historias, hace que venir a encontrar tus tesoros, sea un placer que sinceramente quisiera hallar cada día.
Sé que a las musas hay que dejarlas descansar, y también sé que ellas vienen, te bendicen y podemos ingresar nuevamente a tus mundos.
Este cuento es además sensorial, se siente el aroma de ese licor, y el frío de la noche estrellada.
Estoy muy feliz de haber podido conocer tus letras.

Te envío un abrazo de media mañana gris y templada en Buenos Aires, con cariño sincero, amistad y admiración.
Y además un aplauso :).
No sabes cómo me alegra que te haya caído bien Juan. Efectivamente, es un hombre normal y corriente, como yo, como tantos otros. Pero en su vida hay cosas especiales, como en la de todos, lo importante es que sepamos verlas. Eso es lo que pretendo, que seamos capaces de abrir los ojos a las cosas cotidianas y ver la magia que envuelven, el misterio en que se arropan que las hace importantes, dignas de un cuento. No todos los días quiere uno escribir, sobre todo yo que soy un poco vago y que además paso ahora una etapa importante en que quiero leer, necesito sobretodo leer. Pero es muy reconfortante encontrar tu comentario, lleno de cariño, que comprende los motivos de estos trabajos. Por eso mismo te doy las gracias y valoro tu presencia. Que tengas una feliz tarde Cecy. Un beso. Luis.
 
Cuando salgo, ya ha caído la tarde y el contraste del calor de dentro con el frío del patio, me hace tiritar. El olor del alcohol impregna el paisaje. Aparecen las primeras estrellas en lo alto; alguna veo titilar.
Simplemente bello!!! maravilloso relato donde el tiempo a detenido un poco su paso, exquisito paisaje plasmado más allá del misterio, con aromas que me hacen recordar algunas travesuras de mi niñez, cuando sabíamos destilar para la barra. ¡Impresionante y magistral historia! Un verdadero placer disfrutar de su escrito muy bien llevado, fluido y hermoso, Luis Á. Ruiz Peradejordi, reciba la más sincera felicitación y saludo.
 
Simplemente bello!!! maravilloso relato donde el tiempo a detenido un poco su paso, exquisito paisaje plasmado más allá del misterio, con aromas que me hacen recordar algunas travesuras de mi niñez, cuando sabíamos destilar para la barra. ¡Impresionante y magistral historia! Un verdadero placer disfrutar de su escrito muy bien llevado, fluido y hermoso, Luis Á. Ruiz Peradejordi, reciba la más sincera felicitación y saludo.
Muy agradecido a sus palabras y a sus parabienes Daniel. El placer es mío por tener su lectura para estos breves relatos. Un abrazo cordial.
Luis.
 
Toda la gente lo llama el Mesón; cuando no había otro paso que el obligado del Camino Real, era mesón y parada de postas. Los largos viajes a Santander tenían aquí, indefectiblemente, uno de sus altos.


De aquello, tan sólo queda el recuerdo y un patio grande, capaz de albergar varios carruajes, con establos, que hoy se usan como despensas, almacenes y paneras. Lo que fue mesón y albergue, es hoy vivienda.


Juan, es menudo, delgado y posee ese buen saber estar que tanto se agradece. A pesar de su jubilación, se le ve siempre inquieto, buscando ocupaciones, como aquél que no puede pasar ocioso las horas, sin moverse de su asiento.


Además, Juan es aguardentero. Apila en el patio enormes montones de hollejos, de uvas ya prensadas; cuando llega el tiempo, lo destila, como tantas veces viese hacerlo en su casa.


Destila con alambique, que tiene un serpentín brillante y pulido. Todos estos días de atrás, los ha pasado revisándolo; buscando alguna picadura, un poro, viendo que todo ajuste, y colocando las botellas nuevas en las que va a encorchar.


Ya ha prendido el fuego y en el calderín coloca las madres, mientras las va apretando con calma. Por fin lo tapa y a esperar. El ambiente es sofocante; el cuarto, aunque está abierta la ventana, se convierte en un horno. En un instante, el olor del alcohol invade todo y, por el extremo del serpentín, destila, en apenas un hilillo, el primer orujo.


- Es mejor el aguardiente de alquitara -


Afirma, mientras me ofrece en un vaso, un culín de orujo, todavía caliente.


- Pero no se acostumbra por aquí, eso es en Galicia -


Y se extiende en explicaciones que no entiendo, sobre fracciones de la destilación, sobre las uvas, sobre los impuestos... Para terminar diciendo:


- Este es el último año. Desde que desceparon, por aquí apenas encuentro material. Lo que tengo lo traje de Cigales. Y luego, Hacienda se lo lleva todo en impuestos -


El hijo me sonríe y hace un gesto, como indicándome: Es su modo de desahogar. Todos los años lo repite, amenaza, pero llegado el tiempo, le tira como una tradición que no pudiera desarraigar.


Cuando salgo, ya ha caído la tarde y el contraste del calor de dentro con el frío del patio, me hace tiritar. El olor del alcohol impregna el paisaje. Aparecen las primeras estrellas en lo alto; alguna veo titilar.


Durante toda la noche, extrayendo misterios a la uva, como un alquimista de otros tiempos, va a estar trabajando Juan.
Evocación de un tiempo pasado, de recuerdos y de un personaje, Juan, con personalidad afirmada en francés decimos una expresión que me gusta mucho para describir esas personas "quelqu' un haut en couleurs" que se puede traducir por "alguien alto en colores" . Me ha gustado mucho tu prosa tu pluma es generosa con muchos detalles que dan vida à tu texto.
Un gran placer leerte. Toda mi amistad sincera. Amarilys
 
Evocación de un tiempo pasado, de recuerdos y de un personaje, Juan, con personalidad afirmada en francés decimos una expresión que me gusta mucho para describir esas personas "quelqu' un haut en couleurs" que se puede traducir por "alguien alto en colores" . Me ha gustado mucho tu prosa tu pluma es generosa con muchos detalles que dan vida à tu texto.
Un gran placer leerte. Toda mi amistad sincera. Amarilys[/QUOTE

Gracias por tu paso por este relato. Intenté dibujar en él una actividad que fue muy típica de la zona donde vivo y que se ha perdido. Si te resultó interesante, me alegro mucho. Un beso y mi amistad sincera.
Luis.
 
Toda la gente lo llama el Mesón; cuando no había otro paso que el obligado del Camino Real, era mesón y parada de postas. Los largos viajes a Santander tenían aquí, indefectiblemente, uno de sus altos.


De aquello, tan sólo queda el recuerdo y un patio grande, capaz de albergar varios carruajes, con establos, que hoy se usan como despensas, almacenes y paneras. Lo que fue mesón y albergue, es hoy vivienda.


Juan, es menudo, delgado y posee ese buen saber estar que tanto se agradece. A pesar de su jubilación, se le ve siempre inquieto, buscando ocupaciones, como aquél que no puede pasar ocioso las horas, sin moverse de su asiento.


Además, Juan es aguardentero. Apila en el patio enormes montones de hollejos, de uvas ya prensadas; cuando llega el tiempo, lo destila, como tantas veces viese hacerlo en su casa.


Destila con alambique, que tiene un serpentín brillante y pulido. Todos estos días de atrás, los ha pasado revisándolo; buscando alguna picadura, un poro, viendo que todo ajuste, y colocando las botellas nuevas en las que va a encorchar.


Ya ha prendido el fuego y en el calderín coloca las madres, mientras las va apretando con calma. Por fin lo tapa y a esperar. El ambiente es sofocante; el cuarto, aunque está abierta la ventana, se convierte en un horno. En un instante, el olor del alcohol invade todo y, por el extremo del serpentín, destila, en apenas un hilillo, el primer orujo.


- Es mejor el aguardiente de alquitara -


Afirma, mientras me ofrece en un vaso, un culín de orujo, todavía caliente.


- Pero no se acostumbra por aquí, eso es en Galicia -


Y se extiende en explicaciones que no entiendo, sobre fracciones de la destilación, sobre las uvas, sobre los impuestos... Para terminar diciendo:


- Este es el último año. Desde que desceparon, por aquí apenas encuentro material. Lo que tengo lo traje de Cigales. Y luego, Hacienda se lo lleva todo en impuestos -


El hijo me sonríe y hace un gesto, como indicándome: Es su modo de desahogar. Todos los años lo repite, amenaza, pero llegado el tiempo, le tira como una tradición que no pudiera desarraigar.


Cuando salgo, ya ha caído la tarde y el contraste del calor de dentro con el frío del patio, me hace tiritar. El olor del alcohol impregna el paisaje. Aparecen las primeras estrellas en lo alto; alguna veo titilar.


Durante toda la noche, extrayendo misterios a la uva, como un alquimista de otros tiempos, va a estar trabajando Juan.

Elegante relato nos dejas, Luis con ese hombre entrañable que se resiste a dejar de hacer ese excelente aguardiente que se hace por aquí, pese a no ser tierras gallegas. Siempre relatas con excesivo cuidado, con minúsculos detalles, lo que hace que el lector pueda mezclarse y perderse en esa estación donde ya nada es igual, destinando los cuartos y las vías, a otros menesteres. Al igual que detallas ese alambique, donde Juan transforma esas uvas. Todo un alquimista.

Felicidades, mi pareciado amigo, por tan magnífico trabajo.

Te mando un fuerte abrazo, lleno de besos.
 
Elegante relato nos dejas, Luis con ese hombre entrañable que se resiste a dejar de hacer ese excelente aguardiente que se hace por aquí, pese a no ser tierras gallegas. Siempre relatas con excesivo cuidado, con minúsculos detalles, lo que hace que el lector pueda mezclarse y perderse en esa estación donde ya nada es igual, destinando los cuartos y las vías, a otros menesteres. Al igual que detallas ese alambique, donde Juan transforma esas uvas. Todo un alquimista.

Felicidades, mi pareciado amigo, por tan magnífico trabajo.

Te mando un fuerte abrazo, lleno de besos.
Gracias por el cuidado que pones al leer y comentar mis relatos. Son zonas próximas, que tú conoces y que, lamentablemente, han perdido ya esos quehaceres. Mi escrito solo quiere dejar constancia de ello. Gracias por tu paso. Un gran abrazo, besos. Luis.
 
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