jorgeaa
Poeta recién llegado
Yo no soy nadie en especial,
No soy ningún artista,
Ni genio creador.
No se quien tuvo el atrevimiento
de llamarme “intelectual, escritor, filósofo”
o más grave aún,
Haberme llamado “poeta.”
Nunca quise sentirme único,
O llamar la atención.
No soy el pez grande en el estanque pequeño,
Ni el salmón que nada contra la corriente.
No soy el pedazo de torta de reyes,
Con el niño dentro.
Siempre nadé en la misma pileta sucia que vos.
Incluso bebimos de ella juntos,
Ahogándonos en un vertedero de desechos tóxicos,
Del que siempre quisiste escapar.
Me sentí conmovido
Por un fuerte sentimiento de empatía,
Al ver como implorabas por justicia, libertad y paz,
Tratando de escabullirte entre los anzuelos y redes,
Fallando en infinidad de ocasiones.
Con la fugacidad del tiempo y el espacio
En el que transitamos vos y yo,
Comprendí eso exactamente:
Que vos y yo oscilamos en la misma fugacidad
Del tiempo y el espacio.
En ese mismo instante,
Corrí a buscarte sin razón aparente;
Choqué con vos de casualidad
En la calle infestada de sueños,
Ideas y sentimientos,
Idénticos a los nuestros.
Me puse de pie trastabillando,
y te levanté con prontitud.
Descubriendo unos enormes ojos pardos,
Portentosos y aún…llenos de vida
Unos ojos que en algún pasado alucinante,
Habían sido la pujanza en el rostro de un león,
O la ternura de una madre neófita
Acunando en brazos a su primogénito,
O la inocencia de un niño pidiendo limosna,
O la ferocidad de un lobo alfa enfrentando a una presa.
Unos ojos que hoy se disfrazaban de tristeza,
Rodeados de un rímel oscuro,
Mutilado por una lágrima que navegaba en tu mejilla;
Descansando sobre unas ojeras inagotables,
Que tenían tantas algarabías y sacrificios que contar.
Unos ojos exactos a los del león, la madre, el niño y el lobo.
Unos ojos exactos a los míos.
En efecto, me di cuenta que a pesar del rímel,
Las lágrimas, las ojeras y todo lo demás,
Eran unos ojos exactos a los míos.
Te abracé con alivio
Diciendo: “Te extraño”
Como si me lo dijera a mi mismo
Viendo a esos ojos,
Exactos a los míos.
Finalmente entendí, que vos y yo somos iguales.
Que yo hablaba por vos y vos sentías por mí,
Que yo soy tu voz y vos sos mi corazón.
Finalmente entendí que,
Yo no soy nadie en especial,
No soy ningún artista,
Ni genio creador.
No se quien tuvo el atrevimiento
de llamarme “intelectual, escritor, filósofo”
o más grave aún,
Haberme llamado “poeta.”
Jorge Aguilar Amado
No soy ningún artista,
Ni genio creador.
No se quien tuvo el atrevimiento
de llamarme “intelectual, escritor, filósofo”
o más grave aún,
Haberme llamado “poeta.”
Nunca quise sentirme único,
O llamar la atención.
No soy el pez grande en el estanque pequeño,
Ni el salmón que nada contra la corriente.
No soy el pedazo de torta de reyes,
Con el niño dentro.
Siempre nadé en la misma pileta sucia que vos.
Incluso bebimos de ella juntos,
Ahogándonos en un vertedero de desechos tóxicos,
Del que siempre quisiste escapar.
Me sentí conmovido
Por un fuerte sentimiento de empatía,
Al ver como implorabas por justicia, libertad y paz,
Tratando de escabullirte entre los anzuelos y redes,
Fallando en infinidad de ocasiones.
Con la fugacidad del tiempo y el espacio
En el que transitamos vos y yo,
Comprendí eso exactamente:
Que vos y yo oscilamos en la misma fugacidad
Del tiempo y el espacio.
En ese mismo instante,
Corrí a buscarte sin razón aparente;
Choqué con vos de casualidad
En la calle infestada de sueños,
Ideas y sentimientos,
Idénticos a los nuestros.
Me puse de pie trastabillando,
y te levanté con prontitud.
Descubriendo unos enormes ojos pardos,
Portentosos y aún…llenos de vida
Unos ojos que en algún pasado alucinante,
Habían sido la pujanza en el rostro de un león,
O la ternura de una madre neófita
Acunando en brazos a su primogénito,
O la inocencia de un niño pidiendo limosna,
O la ferocidad de un lobo alfa enfrentando a una presa.
Unos ojos que hoy se disfrazaban de tristeza,
Rodeados de un rímel oscuro,
Mutilado por una lágrima que navegaba en tu mejilla;
Descansando sobre unas ojeras inagotables,
Que tenían tantas algarabías y sacrificios que contar.
Unos ojos exactos a los del león, la madre, el niño y el lobo.
Unos ojos exactos a los míos.
En efecto, me di cuenta que a pesar del rímel,
Las lágrimas, las ojeras y todo lo demás,
Eran unos ojos exactos a los míos.
Te abracé con alivio
Diciendo: “Te extraño”
Como si me lo dijera a mi mismo
Viendo a esos ojos,
Exactos a los míos.
Finalmente entendí, que vos y yo somos iguales.
Que yo hablaba por vos y vos sentías por mí,
Que yo soy tu voz y vos sos mi corazón.
Finalmente entendí que,
Yo no soy nadie en especial,
No soy ningún artista,
Ni genio creador.
No se quien tuvo el atrevimiento
de llamarme “intelectual, escritor, filósofo”
o más grave aún,
Haberme llamado “poeta.”
Jorge Aguilar Amado
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