Jorge Buckingham
Poeta recién llegado
Deshojando este viejo alfabeto,
creí que una vez más había muerto;
muerto como un espía en duelo falaz,
muerto como un ángel lejano.
Despedazando estos infieles gerundios,
sentí la sábila en compases de fuego;
un espejo discreto desnuda archipiélagos
de terciopelo ventricular:
esta insignia rumorea esqueletos.
En el más oscuro sacrificio: un puente,
en un estallido: la más bella canción
ensombrece febriles insinuaciones;
las entrañas del cielo en nuestros ojos.
Este dolor es un río de castidad,
un idilio, una falsa alarma;
respirando vapores mancillados
en esta tarde de violines que hablan.
creí que una vez más había muerto;
muerto como un espía en duelo falaz,
muerto como un ángel lejano.
Despedazando estos infieles gerundios,
sentí la sábila en compases de fuego;
un espejo discreto desnuda archipiélagos
de terciopelo ventricular:
esta insignia rumorea esqueletos.
En el más oscuro sacrificio: un puente,
en un estallido: la más bella canción
ensombrece febriles insinuaciones;
las entrañas del cielo en nuestros ojos.
Este dolor es un río de castidad,
un idilio, una falsa alarma;
respirando vapores mancillados
en esta tarde de violines que hablan.