murdock
Poeta adicto al portal
Vaga por ahí alimentándose de los extraños
de sus recuerdos, lamentos y anhelos
se esconde tras los ladrillos
de los caminos mal señalados…
En su rostro no hay mirada
suele llegar brindando una palmada
se dice que aún recuerda su vida pasada.
Era un poeta de tiempos pasados
romántico cronista de los enamorados
que perdió sus historias jugando a los dados
apostando con burlones apoderados…
Perdió la vista, los momentos ya no atesoraba
aposto su sonrisa, con la que coqueteaba
perdió sus oídos, la música ya no lo acompaña.
Con su nariz olfatea a los vagabundos
a los niños, a los enamorados
se enreda con su vestimenta en sus sentidos
y roba lentamente los recuerdos…
Guarda su botín en una botella
y marcha en busca de otra víctima…
Escuchas tintinear el cristal, el ladrón de recuerdos se aproxima.
El frio se apodera de la vía
las paredes se deforman a la vista;
Sientes los húmedos trapos
abrazando por detrás tus brazos;
El rostro vacío frente a tus ojos vacila
su beso sin labios arranca de tu cuerpo la alegría.
Entre sangre y espanto
su hórrida poesía
llena la vía
en un lúgubre canto
de sus recuerdos, lamentos y anhelos
se esconde tras los ladrillos
de los caminos mal señalados…
En su rostro no hay mirada
suele llegar brindando una palmada
se dice que aún recuerda su vida pasada.
Era un poeta de tiempos pasados
romántico cronista de los enamorados
que perdió sus historias jugando a los dados
apostando con burlones apoderados…
Perdió la vista, los momentos ya no atesoraba
aposto su sonrisa, con la que coqueteaba
perdió sus oídos, la música ya no lo acompaña.
Con su nariz olfatea a los vagabundos
a los niños, a los enamorados
se enreda con su vestimenta en sus sentidos
y roba lentamente los recuerdos…
Guarda su botín en una botella
y marcha en busca de otra víctima…
Escuchas tintinear el cristal, el ladrón de recuerdos se aproxima.
El frio se apodera de la vía
las paredes se deforman a la vista;
Sientes los húmedos trapos
abrazando por detrás tus brazos;
El rostro vacío frente a tus ojos vacila
su beso sin labios arranca de tu cuerpo la alegría.
Entre sangre y espanto
su hórrida poesía
llena la vía
en un lúgubre canto
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