albitabonita
Poeta fiel al portal
El joven enamorado
Historia con rima
Historia con rima
Hubo una vez, un joven en tierra lejana, que vivía enamorado de la vida; no tenía quejas de nada, era muy amable, noble y maduro. Tenia goces de lucro, fortunas sin igual y nunca llego a pensar en perder todo eso, pues tenia fe que creyendo en Dios y siendo bueno, Él lo bendeciría día a día.
Y así trascurrió por mucho tiempo su vida, entre poesía y gentileza. Hasta ese entonces, no conoció mujer que despertara en él fervor de amar.
Se dice que un día llegó al pueblo una joven de belleza tal, que cada hombre que la veía se llegaba a enamorar. Aquella joven de fulgores desconocidos y con una cabellera de bellos rizos, sin intención alguna de molestar, pues era sencilla, despertó aquello que ninguna pudo en el corazón despertar de aquel joven apuesto y galante que nunca antes se llegó a enamorar. Hasta que sus desvaríos por aquella desconocida se hicieron tal, que su afán por conquistarla se convirtió en lo principal de su vida.
Comenzó por acercarse a ella, una palabra, una sonrisa él quería hablarle de lo que sentía mientras el tiempo trascurría y no hallaba la oportunidad y ¡de pronto! creyó propicia la ocasión de declararle su amor, en un baile que se celebro, toda la gran sociedad presente, con las acostumbradas calumnias de la gente.
La invitó a bailar en un descuido de la sociedad, y en el ritmo, al compás de la música, se oían dos corazones palpitar uno por el otro. Se lo dijo todo, sin dejar ninguna palabra por anunciar.
Pero, ¿que sucedió?...de pronto se paró el salón, cuando él le robo un beso; sobre ellos dos, puestos los ojos de todos, ella con sus desvíos, dejó de aquel joven el corazón partido y salió sin ninguna explicación, sin saber que mal había hecho. Y comenzó el chismorreo, la vida férvida de aquel joven se apagó.
Siempre la veía pasar por las calles del pueblo, él la buscaba y hasta llegó a implorar perdón por algo que ni comprendía. Si aquella noche su corazón sintió que ella también lo quería. Pero ella, con sus desdenes, entrecortaba sus palabras como no queriendo escucharlo.
¿Que sucedió con aquel amor que existía?
¿Que pasó con aquellos corazones que latían uno por el otro sin dejar de delirar?
Pasó que ella no podía amarlo, no podía permitírselo. Como acostumbraban en aquellos tiempos sus padres la casaron con un desconocido, al que ella nunca llegó a amar. En el pueblo todos sabían que era casada, menos el que tanto la amaba. Y ella sufría en silencio por no poder decírselo. Temía que él no aceptara su condición, y que la juzgara por haberse casado sin amor. Así se quedó por siempre callada.
Aunque ella lo amaba con el alma, calló. No tuvo fuerzas para decírselo y luego se arrepintió mil veces por aquel joven que tanto la amó y de tristeza se le alejó.
Él, en sus misérrimos y tristes andrajos, quedo desolado. Acordándose de aquellos días en los que vio asomarse el sol como una estrella encendida en medio de una noche, en donde la puso a ella como su blasón. Aquel joven, que a amar empezaba, conoció muy pronto que amar duele, su mundo se le convirtió en lágrimas.
Una noche la soñó, que plegaba su cintura y que se convertía en su más dulce locura que se casaban los dos, con fiesta y con alboroto y que cesaba la voz de todos los chismosos, que al fin alcanzaban su mayor felicidad. Fue en otoño y todo era tan bello, pero todo se quedo en un sueño.
Dicen que se lo llevó una nube a los confines del cielo, donde están todos los santos, y a verlo nunca volvieron. Pero la verdad es, que una noche obscura, se marcho de la ciudad llevando su amor herido y los recuerdos de su felicidad al amarla.
Cuando ella falleció, en un eterno suspiro sin haberse vuelto a enamorar de nadie más, se lo encontró en un paraíso. Y su sueño de amor se llego a realizar.
Volvieron los días felices de aquel joven enamorado, al menos eso quiero pensar, ¡pues todo sueño de amor se llega a dar solo con esperarlo!