SergioSoler
Poeta recién llegado
​El jardín.
Dicen las crisálidas
inmóviles,
que sufren ganas de crecer.
En su espera murmullan
que celosas en su casa
observan
en la nada un todo.
Sienten ya quebradas en sus
alas el pesar
de no haber prendido vuelo
alguno.
Y en la mañana,
junto al compás
mas oscuro de la noche,
se dio a luz cuanto mas que
una triste mariposa.
Acompañó al primer rayo
del alba
un aleteo salvaje de
desmedida libertad.
De colores se vio vestida.
Altiva y proporcionada
retozaba con
el cielo y las flores.
Y las flores y el cielo
le permitieron volar.
Volar.
Su muerte fue inesperada,
cuanto menos que temprana.
Los colores se hicieron ciegos
y en la noche de nuevo fueron
a dormir.
Ahora son de otros las alas
que despliegan
de otros, ya no mías.
Ya no mías.
Dicen las crisálidas
inmóviles,
que sufren ganas de crecer.
En su espera murmullan
que celosas en su casa
observan
en la nada un todo.
Sienten ya quebradas en sus
alas el pesar
de no haber prendido vuelo
alguno.
Y en la mañana,
junto al compás
mas oscuro de la noche,
se dio a luz cuanto mas que
una triste mariposa.
Acompañó al primer rayo
del alba
un aleteo salvaje de
desmedida libertad.
De colores se vio vestida.
Altiva y proporcionada
retozaba con
el cielo y las flores.
Y las flores y el cielo
le permitieron volar.
Volar.
Su muerte fue inesperada,
cuanto menos que temprana.
Los colores se hicieron ciegos
y en la noche de nuevo fueron
a dormir.
Ahora son de otros las alas
que despliegan
de otros, ya no mías.
Ya no mías.