"El Hombre sin Salida"
El hombre despierta,
pero no amanece.
Las noticias son ecos de piedras
golpeando en la boca del pozo.
Hay niños sin pan,
hay madres sin canto,
y él, con los ojos llenos de mundo,
no sabe si bendecir o callar.
Ya no le duelen sus penas,
le duelen las ajenas
que ha hecho suyas sin permiso.
El dolor del que mata, del que muere,
del que grita sin que nadie lo escuche.
Y aún así, se pone los zapatos.
Camina.
Camina como quien no espera nada,
pero no se detiene.
Sabe que no hay promesa,
ni milagro en oferta,
solo barro y aliento,
y a veces, un árbol que no se rinde al fuego.
Mira al cielo sin esperanza,
pero con ternura.
Como si pudiera abrazar a Dios
aunque no lo entienda.
Como si decir "estoy aquí"
fuera una forma de salvar algo.
Y sigue.
No porque crea que cambiará el mundo,
sino porque vivir sin cerrar el corazón
es su único acto de fe.
Porque ser hombre hoy,
en este planeta herido,
es aprender a respirar entre ruinas
y aún así, ofrecer una flor.
No tiene salida.
Y sin embargo,
abre la puerta cada día.
No por deber,
sino por amor.
Aunque nadie lo vea.
Aunque nadie lo aplauda.
Y eso,
eso es sagrado.
15/06/2025
©Dikia
El hombre despierta,
pero no amanece.
Las noticias son ecos de piedras
golpeando en la boca del pozo.
Hay niños sin pan,
hay madres sin canto,
y él, con los ojos llenos de mundo,
no sabe si bendecir o callar.
Ya no le duelen sus penas,
le duelen las ajenas
que ha hecho suyas sin permiso.
El dolor del que mata, del que muere,
del que grita sin que nadie lo escuche.
Y aún así, se pone los zapatos.
Camina.
Camina como quien no espera nada,
pero no se detiene.
Sabe que no hay promesa,
ni milagro en oferta,
solo barro y aliento,
y a veces, un árbol que no se rinde al fuego.
Mira al cielo sin esperanza,
pero con ternura.
Como si pudiera abrazar a Dios
aunque no lo entienda.
Como si decir "estoy aquí"
fuera una forma de salvar algo.
Y sigue.
No porque crea que cambiará el mundo,
sino porque vivir sin cerrar el corazón
es su único acto de fe.
Porque ser hombre hoy,
en este planeta herido,
es aprender a respirar entre ruinas
y aún así, ofrecer una flor.
No tiene salida.
Y sin embargo,
abre la puerta cada día.
No por deber,
sino por amor.
Aunque nadie lo vea.
Aunque nadie lo aplauda.
Y eso,
eso es sagrado.
15/06/2025
©Dikia