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El Hogar

Octaviano Mundo

Poeta recién llegado
Jamás he dormido bajo el cielo estrellado, en la ausencia de un techo que se antepusiese a él. Es algo ideal, idílico: soñar bajo el manto de la creación; abstraídos, por un instante, de cualquier preocupación; y por pura voluntad propia, hacerlo por el mero hecho de sentirse uno próximo a la libertad...





Cuando a un ser humano le es privado su derecho a un hogar, y la dura piedra de la calle se convierte en su permanente lecho, el sueño es, sin embargo, parte de la tiranía de un idilio ajeno. Y la cama sobre la que éste reposa, está henchida de avaricia, prejuicios e injusticias.





Porque en la razón de quienes segregan del derecho a los desposeídos, anida la firme idea del merecimiento de su desgracia; la recta defensa del juicio ante la desigualdad. En la mente de quienes acaparan aquello que de sobra no necesitan, el deseo de poseer aquello de que carece el necesitado; el impulso de arrojar al individuo despojado, como un desperdicio después.





Y la virtud, es deformada en un terreno fertilizado por la atrocidad; la fortuna de haber nacido en la adecuada cuna; la banalización, de un espíritu condenado a la simpleza de un objeto... y la voz de las sociedades, toma la representación de la mano que la moldea a su antojo; pues la supervivencia, la basan los dictadores en su ejemplaridad.






Y el valor, y la consideración de sus ciudadanos, es un eco de los eslóganes esbozados por su corrompido pensamiento. Y pasa a ser preescrito todo aquello que no es de su agrado o conveniencia. Y es así, como la víctima pasa a ser el verdugo; cuando el verdugo es victimizado, heroicizado incluso, por la opinión.






La vida, es un derecho; uno universal. Cada uno de sus alientos, insufla íntimamente aires a cada ser concreto. Todos tenemos la misma oportunidad, y la misma voz con que reclamarla nuestra, para vivirla a nuestro particular modo.
Pero si unos pocos, anudan diez libertades, como un yugo que aprisiona a diez millones de esclavos.



Si miles de millones de voces, son colapsadas por la sola voz de una tiranía;
cuando las voces son alzadas, y su opinión, es vertida en la ignominia del olvido por una mano censora; como dijo el revolucionario José Martí:
''Los derechos se toman, no se piden; se arrancan, no se mendigan''.
 
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