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Poeta que considera el portal su segunda casa
¡Qué ilusión tan maravillosa la de ser madre!, ¿verdad? El poder engendrar vida en el interior del útero es casi como crear una figura de ficción, como si fuera un pequeño personajillo de cuento, pero en este caso real, que va poco a poco llenando todos los rincones de tu seno, agrandándose de día en día, pasando de ser un pequeño renacuajo a ser un todavía diminuto pero completo cuerpecillo. Y una se va imaginando durante esos nueve meses que dura el proceso, como será cuando salga. Seguro que usted madre que me estés leyendo, pensarás como yo, seguro que aquel tiempo de espera también lo vivió como todas las demás, con una gran esperanza. ¿A que siempre pensó que su hijo sería el más guapo, el más listo y el más bueno del mundo? Porque usted se encargaría de darle una buena educación; no es cuestión de que el arbolito llegue a torcerse; porque una desea que su retoño sea el mejor en todo. ¿A que no estoy equivocada? ¿A que usted pensó lo mismo? Una madre nunca cree que su hijo pueda ser un ladrón ni un asesino, no, no, ¡eso ni pensarlo!; si acaso normalito, de lo más normalito, pero sin más, de esos que casi siempre obedecen, que le ayudan a una a poner la mesa, a terminar un crucigrama, a encender un fuego. Una no espera que te esté agradecido sólo por consolarlo y leerle cuentos tras la fiebre de la escarlatina, pero al menos desea que le cuente todas sus cosas, y así una cree a pies juntillas que lo ha conseguido, que ella es la mejor confidente de su hijo ya convertido en un apuesto joven. Y se lo cuenta orgullosa a sus amigas mientras toman el te de las cinco jugando a la brisca. Si, si, mi niño me lo cuenta todo, no tiene secretos para conmigo. Hasta que un día, una descubre que no, que no es así. Y se pega el chasco de su vida. Una mañana cualquiera mientras una canturrea y quita el polvo, descubre que se ha dejado la cartera encima de su escritorio, como quien no quiere la cosa la abre y empieza a fisgonear. Un billete de 10 euros, una foto de una chica que en tu vida habías visto y en uno de los departamentos más escondidos del billetero, ahí casi se te caes redonda al suelo un condón ¡Pero si es todavía un crío! ¿Qué significa esto? Y es entonces cuando caes del guindo en el que vivías y te das cuenta de que en realidad te lo oculta casi todo. Y si al menos te llevaras bien con tu ex marido...
Si, no seas ilusa. El ya no es una continuación de ti; desde el momento en que nació dejó de serlo, y aunque se te caiga el alma a los pies tienes que reconocer que no, que de confidente y amiga de tu polluelo para nada, que él ya vuela su propio vuelo, que tu estás sólo para darte cuando te necesita, para consolarlo de sus penas, y eso solamente ya te llena, ya te compensa ¿Usted piensa lo mismo? ¿A que las madres estamos sólo para darnos y no esperar nada a cambio?
Tal vez cuando sea muy viejecita a lo mejor se enternece y en mi lecho de muerte me cuente más cosas. Quizá a modo de despedida lo haga. ¿Cree usted que puedo aspirar a ello?
Basado en hechos reales