murdock
Poeta adicto al portal
Se cuenta que era de apariencia robusta y cansada
llevaba en su caminar las ansias de llegar
y la profundidad de su mirar reflejaba lo vacío de su penar
sin embargo cada palabra que exhalaba anonadaba.
“En las eras del hierro y la sangre los cantos de héroes abundaban
pero los coros sacros y las odas épicas en realidad sangran
entre las cuerdas de las arpas las historias épicas retumban
es lo hermoso de su canto por lo que las huestes se acaban…”
El guerrero de los humedales continúa marchando
de entre la espesura se lo ve llegar acercando
-Aquella figura no la olvidaría-
por más hermosa que sea la canción que venga cantando.
Aquí en el lejano paradero del otro lado del charco
donde las princesas visten oro en su tez
y el gran ave viste la noche de zarco
aquella mirada profunda recuerda a esta tierra su vejez
su vos murmura un viejo cantar que arrasa la ternura
la espalda silba profundo cortando la neblina
un pequeño cuelga sus dedos cual flechas en su armadura
sus necrosados brazos cuidan de la criatura con oficiosidad felina
de repente su rostro fijo no tiene duda
afronta mi humanidad como a hojarasca molesta
su espada retruena quebrando mi envergadura
lanzando de un tajo precisa mi alma ahora desnuda.
“En las eras del hierro y la sangre los cantos de héroes abundaban;
pero los coros sacros y las odas épicas en realidad sangran;
entre las cuerdas de las arpas las historias épicas retumban;
es lo hermoso de su canto por lo que las huestes se acaban…”
El guerrero de los humedales se aleja cantando
los siglos de niebla y bruma su corte lleva afilando
-Aquellos perdidos ojos no los olvidaría-
Ahora penando sobre la turba quedare cantando
“pero si era la pequeña criatura la que lo ha guiado tanto;
pero si eran hacia los infiernos las odas y aleluyas;
pero si era el nigromante su pequeño acompañante olor mastranto;
pero si el canto al que me he atado no alertara a las llanuras…”
llevaba en su caminar las ansias de llegar
y la profundidad de su mirar reflejaba lo vacío de su penar
sin embargo cada palabra que exhalaba anonadaba.
“En las eras del hierro y la sangre los cantos de héroes abundaban
pero los coros sacros y las odas épicas en realidad sangran
entre las cuerdas de las arpas las historias épicas retumban
es lo hermoso de su canto por lo que las huestes se acaban…”
El guerrero de los humedales continúa marchando
de entre la espesura se lo ve llegar acercando
-Aquella figura no la olvidaría-
por más hermosa que sea la canción que venga cantando.
Aquí en el lejano paradero del otro lado del charco
donde las princesas visten oro en su tez
y el gran ave viste la noche de zarco
aquella mirada profunda recuerda a esta tierra su vejez
su vos murmura un viejo cantar que arrasa la ternura
la espalda silba profundo cortando la neblina
un pequeño cuelga sus dedos cual flechas en su armadura
sus necrosados brazos cuidan de la criatura con oficiosidad felina
de repente su rostro fijo no tiene duda
afronta mi humanidad como a hojarasca molesta
su espada retruena quebrando mi envergadura
lanzando de un tajo precisa mi alma ahora desnuda.
“En las eras del hierro y la sangre los cantos de héroes abundaban;
pero los coros sacros y las odas épicas en realidad sangran;
entre las cuerdas de las arpas las historias épicas retumban;
es lo hermoso de su canto por lo que las huestes se acaban…”
El guerrero de los humedales se aleja cantando
los siglos de niebla y bruma su corte lleva afilando
-Aquellos perdidos ojos no los olvidaría-
Ahora penando sobre la turba quedare cantando
“pero si era la pequeña criatura la que lo ha guiado tanto;
pero si eran hacia los infiernos las odas y aleluyas;
pero si era el nigromante su pequeño acompañante olor mastranto;
pero si el canto al que me he atado no alertara a las llanuras…”