Paul Badi
Poeta recién llegado
Se enalteció sobre el mundo el gran espejo,
Maceró del hombre, toda la razón,
Abolió del ser, cada ilusión,
Revelo la vanidad en su reflejo.
Cada humano conoció su rostro verdadero,
El asesino se humillo atormentado,
Y el más santo develo su pecado,
La luz del espejo, irradio todo sendero.
Las leyes, fueron todas abolidas,
Los gobiernos, cada uno degradados,
Todos los íntimos secretos liberados,
Las catedrales, todas demolidas.
El hombre exalto sus ojos hacia el espejo,
Ya descreyendo de sus religiones,
Situando en duda sus razones,
Haciendo simple, lo complejo.
El amor y el odio fueron quitados,
Y el hombre pudo vislumbrar quien era,
Que muy interiormente de la gran esfera
Solos habían subsistido abandonados.
Maceró del hombre, toda la razón,
Abolió del ser, cada ilusión,
Revelo la vanidad en su reflejo.
Cada humano conoció su rostro verdadero,
El asesino se humillo atormentado,
Y el más santo develo su pecado,
La luz del espejo, irradio todo sendero.
Las leyes, fueron todas abolidas,
Los gobiernos, cada uno degradados,
Todos los íntimos secretos liberados,
Las catedrales, todas demolidas.
El hombre exalto sus ojos hacia el espejo,
Ya descreyendo de sus religiones,
Situando en duda sus razones,
Haciendo simple, lo complejo.
El amor y el odio fueron quitados,
Y el hombre pudo vislumbrar quien era,
Que muy interiormente de la gran esfera
Solos habían subsistido abandonados.