JLA
Poeta asiduo al portal
Yo tenía ocho años cuando me mecía por el jardín de los sueños, En una casa encantada rozando los azules cielos con mis dedos, girasoles margaritas y Gorriones me acompañaban besándome los años, Esos años livianos que van sembrando la vida... Volaban por las ramas los gorriones y más de alguna ves alguno entraba a la casa, Puedo recordar la sonrisa de mi abuelo al ver alguno de estos allí adentro, Y su gozo me rozaba la cara... No faltaron muchos años para que el enfermara, Era como uno de esos gorriones de mi infancia encerrado en casa, Que debía salir a volar entre las hojas y los sueños que yo deje en el patio en mi niñez.
Era una mañana cristalina, Las hojas llovían del cielo en un otoño invierno, Y con una sonrisa helada nos enteramos que aquel gorrión encerrado había volado de casa para pintar los cielos con sus alas...
Entonces aprendimos lo que era el dolor, Los ojos se nos enmudecieron por meses, Y su recuerdo de acuarelas brotaba en nuestros corazones mientras pasaban los días...De pronto, quizás el tiempo fue el culpable, que su recuerdo se inmutara como una piedra. Y así pasaron los meses teñidos de silencios y recuerdos mudos, Recuerdos que eran como escarchas perdidas en el viento.
Comíamos una tarde soleada en la mesa, Soleada como aquellos días de mi niñez, en la misma mesa aterciopelada de amor donde el sonreía, con su puesto vació que se llenaba de raíces secas.
Cuando de la luz y el silencio sale caminando un gorrioncito por los pisos llovidos... Y sonreímos, y sentimos aquel gozo que el sentía, Y aquel amor que quizás el tiempo había congelado fue recordado y reinventado... paso caminando Aquel gorrión casi como saludando y salio jugando por la ventana de cristal volando a los cielos pintados, que pintamos con aventura, con tristeza, con felicidad, con sueños, con lagrimas... Y recordamos que es bueno vivir y que morir no es morir realmente sino que es seguir viviendo en los azules cielos, Y brindamos y volvimos a sonreír.
Era una mañana cristalina, Las hojas llovían del cielo en un otoño invierno, Y con una sonrisa helada nos enteramos que aquel gorrión encerrado había volado de casa para pintar los cielos con sus alas...
Entonces aprendimos lo que era el dolor, Los ojos se nos enmudecieron por meses, Y su recuerdo de acuarelas brotaba en nuestros corazones mientras pasaban los días...De pronto, quizás el tiempo fue el culpable, que su recuerdo se inmutara como una piedra. Y así pasaron los meses teñidos de silencios y recuerdos mudos, Recuerdos que eran como escarchas perdidas en el viento.
Comíamos una tarde soleada en la mesa, Soleada como aquellos días de mi niñez, en la misma mesa aterciopelada de amor donde el sonreía, con su puesto vació que se llenaba de raíces secas.
Cuando de la luz y el silencio sale caminando un gorrioncito por los pisos llovidos... Y sonreímos, y sentimos aquel gozo que el sentía, Y aquel amor que quizás el tiempo había congelado fue recordado y reinventado... paso caminando Aquel gorrión casi como saludando y salio jugando por la ventana de cristal volando a los cielos pintados, que pintamos con aventura, con tristeza, con felicidad, con sueños, con lagrimas... Y recordamos que es bueno vivir y que morir no es morir realmente sino que es seguir viviendo en los azules cielos, Y brindamos y volvimos a sonreír.