EPV!
Poeta recién llegado
Se acaban las palabras, se acabó la música, ahora escuchamos a Dinsey y los vomitos de Mickey Mouse. Son las siete de la mañana de un día perfecto, tan común como todos: el humo entra y no sale, las ventanas cerradas y las puertas apretadas, la cama sigue desecha. Prefiero el tabaco a la neblina entrando en la habitación, con los mareos necesariamente constantes. Es temprano, quedan pocas horas para el castigo de siempre usar el disfraz y ser el soldado de mis batallas. No hay miedo en lo desconocido, porque la vida tiene breves momentos de ilusión y sueños irreales - la infancia - la que no nos obliga a las invasiones y las influencias de lo correcto e incorrecto, es parte del mejor segundo de vida. Prendo la radio y me invade la música de Pink Floyd con "Shane on you crazy diamond" entro en la ducha y muero congelado sin descomponerme, como el ángel que todo lo sabe, que llega para buscar sonrisas y un buen pasar, tal cual como el payaso callejero. Con sangre fría pasan las horas, sin fluido en el resto de arterias que quedan en el cuerpo, como juegos de niños en un mar de mundos inocentes y claros. Que nadie me entierre al lado de mi padre, prefiero que me pongan en el congelador de la cocina para saborear mi último bocadillo.
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