armak de odelot
Poeta asiduo al portal
Estaba yo con mi chamán, ambos en silencio meditando, cuando de pronto, señalando a un viejo mono que comía con parsimonia una banana me espetó:
.- Tú que opinas, Armak. ¿ Cuándo crees tú que dejó el mono de ser mono y empezó a ser hombre?
De primeras, me quedé estupefacto, sin saber que decir, más tras un rato pensando, dije: Cuando pronunció su primera palabra.
A lo que mi maestro respondió: ¿ Es que los monos no se comunican?
Ante esta razón, seguí cavilando otro rato, para decir de nuevo:
.- Cuando fabricó su primera herramienta.
.- ¿ Es que no has visto nunca a un mono arrancar una rama para defenderse o hacer de ella un palito para hurgar en un hormiguero?. Respondió rápidamente, mi viejo chamán.
Y para ahorrarme más esfuerzos prosiguió.
.- No me digas que es el amor porque se ve que ellos también aman, ni la maldad porque ellos también se ensañan con sus enemigos.
Ni que no razonan porque se las ingenian para resolver complicados problemas mejor que nuestros niños.
Permanecí en silencio, perplejo, no era capaz de encontrar el eslabón perdido en la metamorfosis o transmutacción de mono a hombre. Dando por perdido el reto, exclamé:
.- Maestro. ¿ Cuándo ocurrió el milagro?
Nunca pensé que fueran tan premonitorias mis palabras.
Mi chamán, sonriente y feliz viéndose de nuevo, como siempre necesitado, contestó:
.- Cuando se preguntó por primera de donde venimos y hacia donde vamos y en su impotencia, buscó la respuesta mirando al cielo.
.- Tú que opinas, Armak. ¿ Cuándo crees tú que dejó el mono de ser mono y empezó a ser hombre?
De primeras, me quedé estupefacto, sin saber que decir, más tras un rato pensando, dije: Cuando pronunció su primera palabra.
A lo que mi maestro respondió: ¿ Es que los monos no se comunican?
Ante esta razón, seguí cavilando otro rato, para decir de nuevo:
.- Cuando fabricó su primera herramienta.
.- ¿ Es que no has visto nunca a un mono arrancar una rama para defenderse o hacer de ella un palito para hurgar en un hormiguero?. Respondió rápidamente, mi viejo chamán.
Y para ahorrarme más esfuerzos prosiguió.
.- No me digas que es el amor porque se ve que ellos también aman, ni la maldad porque ellos también se ensañan con sus enemigos.
Ni que no razonan porque se las ingenian para resolver complicados problemas mejor que nuestros niños.
Permanecí en silencio, perplejo, no era capaz de encontrar el eslabón perdido en la metamorfosis o transmutacción de mono a hombre. Dando por perdido el reto, exclamé:
.- Maestro. ¿ Cuándo ocurrió el milagro?
Nunca pensé que fueran tan premonitorias mis palabras.
Mi chamán, sonriente y feliz viéndose de nuevo, como siempre necesitado, contestó:
.- Cuando se preguntó por primera de donde venimos y hacia donde vamos y en su impotencia, buscó la respuesta mirando al cielo.