El mentiroso
Poeta recién llegado
El ermitaño descansa en la colina
Observando como la Ciudad asesina para encontrar respuestas
Y las danzas de los ahorcados avanzan ladera arriba
El ermitaño descansa en la colina
Mientras la luna injuria a las estrellas
Y la lluvia empapa las tumbas del cementerio
El ermitaño descansa en la colina
Sobre la piedra en la que un día
Un enamorado tallo su muerte con la sangre de otro
El ermitaño descansa en la colina
Y en su cueva brilla el nacimiento de un nuevo mar
Tras una cruz de espinas mugrientas
Y él
Cuándo el mundo se une en una oración
Talla en piedrecitas montañas de plata
Y silba la canción de los pordioseros
Y él
Cuándo el mundo muere
Se atusa el pelo de diez mil amaneceres
Y dibuja en el aire una espiral
Si las palabras matan, mi alma respira
si el silencio se engrandece,
las playas rebosan de nuevos suicidas
Y las sirenas no le dañan
Y las azoteas no le buscan
Y todos los ojos se sitúan demasiado lejos de su cueva
Mientras sin prisa acumula primaveras
El iluminado alza una súplica al Dios de los herejes
Para encontrar la justicia de las aceras en llamas
Y las dagas vuelan ya en todas direcciones
Buscando espaldas en las que clavarse
Nadie parece darse cuenta
El ermitaño descansa en la colina
Observando como la Ciudad asesina para encontrar respuestas
Y las danzas de los ahorcados avanzan ladera arriba
El ermitaño descansa en la colina
Mientras la luna injuria a las estrellas
Y la lluvia empapa las tumbas del cementerio
El ermitaño descansa en la colina
Sobre la piedra en la que un día
Un enamorado tallo su muerte con la sangre de otro
El ermitaño descansa en la colina
Y en su cueva brilla el nacimiento de un nuevo mar
Tras una cruz de espinas mugrientas
Y él
Cuándo el mundo se une en una oración
Talla en piedrecitas montañas de plata
Y silba la canción de los pordioseros
Y él
Cuándo el mundo muere
Se atusa el pelo de diez mil amaneceres
Y dibuja en el aire una espiral
Si las palabras matan, mi alma respira
si el silencio se engrandece,
las playas rebosan de nuevos suicidas
Y las sirenas no le dañan
Y las azoteas no le buscan
Y todos los ojos se sitúan demasiado lejos de su cueva
Mientras sin prisa acumula primaveras
El iluminado alza una súplica al Dios de los herejes
Para encontrar la justicia de las aceras en llamas
Y las dagas vuelan ya en todas direcciones
Buscando espaldas en las que clavarse
Nadie parece darse cuenta
El ermitaño descansa en la colina