Orfelunio
Poeta veterano en el portal
El envenenador
En un hogar de cada dios moría
la exactitud de los calores pálidos
que recurría en fiambres tan escuálidos
por los cadáveres que el tiempo fía.
Y en un salón la yugular mecía
el estertor de lo que el cuerpo araña
y tiene el coste en semejante hazaña
poner la muerte en el menú del día.
Todos comieron del banquete infausto
y en dos segundos acudió la ronda
dejando al fuego solitario incausto.
Allí quedó lo porvenir que ahonda
al cielo y tierra del vivir exhausto
por cada dios que cocinero esconda.
En un hogar de cada dios moría
la exactitud de los calores pálidos
que recurría en fiambres tan escuálidos
por los cadáveres que el tiempo fía.
Y en un salón la yugular mecía
el estertor de lo que el cuerpo araña
y tiene el coste en semejante hazaña
poner la muerte en el menú del día.
Todos comieron del banquete infausto
y en dos segundos acudió la ronda
dejando al fuego solitario incausto.
Allí quedó lo porvenir que ahonda
al cielo y tierra del vivir exhausto
por cada dios que cocinero esconda.