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El dragón que quería volar

Rosa Reeder

Poeta que considera el portal su segunda casa

Había un dragón en un valle lejano,
con alas doradas, pero el cielo le era insano.
El dragón soñaba con surcar el azul,
y ver el mundo desde lo más alto, como el sol al final del tul.

Sus alas eran grandes, pero algo las frenaba,
un peso invisible que su corazón cargaba.
Aunque soplaba fuego con gran valentía,
sentía que algo dentro lo hacía llorar de melancolía.

—¿Por qué no puedo volar? —se preguntaba en la noche,
si mis alas son grandes, ¿por qué no toco el broche
del cielo estrellado, tan lleno de misterio?
¿Por qué, si soy fuerte, no puedo alcanzar el hemisferio?

Un sabio búho, que en el árbol dormía,
escuchó su llanto y al fin le decía:
—Las alas no solo sirven para volar,
sino también para aprender a soñar.

El dragón pensó y decidió descansar,
dejando que sus sueños pudieran volar.
Una noche despejada, con el cielo claro y azul,
se lanzó al viento, dejando el miedo, al fin, en el tul.

Y voló, y voló, con gracia y sin temor,
descubriendo que al final, el vuelo es un ardor
que nace del alma, del coraje interior,
y que lo imposible se alcanza con amor.


Rosa Maria Reeder
Derechos Reservados
 
Había un dragón en un valle lejano,
con alas doradas, pero el cielo le era insano.
El dragón soñaba con surcar el azul,
y ver el mundo desde lo más alto, como el sol al final del tul.

Sus alas eran grandes, pero algo las frenaba,
un peso invisible que su corazón cargaba.
Aunque soplaba fuego con gran valentía,
sentía que algo dentro lo hacía llorar de melancolía.

—¿Por qué no puedo volar? —se preguntaba en la noche,
si mis alas son grandes, ¿por qué no toco el broche
del cielo estrellado, tan lleno de misterio?
¿Por qué, si soy fuerte, no puedo alcanzar el hemisferio?

Un sabio búho, que en el árbol dormía,
escuchó su llanto y al fin le decía:
—Las alas no solo sirven para volar,
sino también para aprender a soñar.

El dragón pensó y decidió descansar,
dejando que sus sueños pudieran volar.
Una noche despejada, con el cielo claro y azul,
se lanzó al viento, dejando el miedo, al fin, en el tul.

Y voló, y voló, con gracia y sin temor,
descubriendo que al final, el vuelo es un ardor
que nace del alma, del coraje interior,
y que lo imposible se alcanza con amor.


Rosa Maria Reeder
Derechos Reservados
Una bonita historia infantil.

Saludos
 
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