El día que dejé de ser, entré por tu nariz y salí por tu boca
bailé entre el añil de tus mundos nacarados (y fue el tango más hermoso)
nadé entre las aguas diáfanas de los sueños
me derretí en tus noches para volver a nacer con el brillo iridiscente de tus tardes
volé (como nunca antes) para perderme en el ajetreo de las nubes y las vicisitudes del cielo
mordí el otoño, con él los miedos
reí a contraluz de tus besos en velo
dormí en el sosiego índigo de tus senos
el día que dejé de ser, dejé de ser lo que siempre fui para ser lo que siempre quise ser
viento, solo viento.